Los días, en su gran mayoría, son todos maravillosamente espléndidos. Mi vida sigue, mi mundo gira y nada parece volver para atrás. Pero la intermitencia de mi vida, esa característica sobre la cual escribí hace unos días, me remite de repente hacia ese sube y baja de emociones y momentos. Y el día de mañana, la fecha en sí, está plagada de esas emociones y rebosa de recuerdos. Lo estuvo en el pasado y ahora, en este presente que no existe y que no es nada, todo va a rebalsar y las cosas van a quedar flotando en ese mar de situaciones vividas.
La otra noche justamente, me acordaba de una de aquellas pocas madrugadas que pasamos juntos en una cama improvisada. Una imagen dulce me vino a la mente y no pude evitar sonreír con cierta nostalgia. Pronuncié tu nombre en voz muy baja, casi para que ni yo misma pudiera oírlo, y me dormí con el recuerdo en el alma y tu apodo en los labios. A la mañana siguiente, ni me acordé del contexto en el cual cerré los ojos, y mi vida continuó sumida en esa nueva rutina que se me presentó de imprevisto. Sin embargo, son esas pequeñas cosas las que me hacen divagar en el pasado por unos minutos y que manchan de a gotitas el presente, nublándome el paisaje hermoso que se va desplegando ante mis ojos.
Y ahora yo me pregunto, ¿qué voy a hacer mañana? Algo en el fondo me dice que va a ser un día normal en mi vida, que voy a realizar mis cosas como las realizo habitualmente. Mañana es viernes, tengo que ir a la facultad. Tendría que hacerme un huequito para seguir ensayando. El sábado canto por primera vez en mi vida sobre un escenario, solo mi voz y las notas de una guitarra que salió de la nada... Sí, puede ser que esa vocecita del fondo tenga razón. Puede ser que nada cambie en mí mañana, a pesar de que sea el primer seis de noviembre que no tiene sentido después de tanto tiempo. Pero a su vez reflexiono y sé que en cuanto me encuentre sola, algo me va a hacer click y una ráfaga de recuerdos y pensamientos me van a inundar la mente. Probablemente me ocurra a la noche. O durante el día, mientras viajo en el bondi y me pongo los auriculares para escaparme del mundo. O en mis momentos libres de la mañana, cuando leo y escribo sin pensar en las consecuencias. No lo sé. Es posible que mi día finalice con esa patética escena que se repite cada tanto, en la cual estoy en pijama, las luces apagadas, música que solo escucho yo, y unas cuantas copas encima, mientras canto haciendo la mímica imitando a cantantes que nadie juna o que ya están muertos. Hasta que después prácticamente me muero yo, porque entro en la cama trastabillando, me acuesto como puedo, cierro los ojos y en medio segundo mi cabeza va a dos mil por hora nadando en alcohol barato y obtenido de contrabando.
Para concluir y dejar de maquinear al pedo, cierro diciendo que el mañana es pura incertidumbre siempre. No puedo saber qué va a sucederme. Quizás muera sumida en la nostalgia. Quizás sonría todo el día. No lo sé. Tendré que dejar de especular y simplemente dejar que las cosas pasen. Sí, creo que esa es la solución más correcta frente a este panorama lleno de inexperiencia.
"Siento que mil posibilidades nacen en mí. Soy ingeniosa, soy alegre, soy lánguida, soy melancólica, sucesivamente. Tengo raíces, pero floto." Virginia Woolf.
People change, feelings change. It doesn't mean that the love once shared wasn't true and real. It simply just means that sometimes when people grow, they grow apart.
- Srta. Mími
- Escritora desde que aprendí a posar el lápiz sobre el papel. Completamente indecisa. Poseedora de una mente peligrosamente abierta. Inteligente, con un ego filoso y un humor ácido. Todos los días intento ser una mejor versión de mí misma.
Sueños que retrasan
Hay días en los que vuelvo para atrás, en los que retrocedo diez casilleros y me desconcierto totalmente. Como ayer/hoy, cuando soñé que pasaba frente a tu casa y quería volver a cruzar la puerta. Y me iba, y vacilaba, y decía que era en vano entrar, que ya estaba todo como la mierda y que no tenía sentido, y que para qué, y que nunca más, y que... Y de repente ya estaba adentro. Todos organizando una comida afuera. Y sonreían, y eran felices, y yo me metía y te llamaban para que me vieras. Y venías, caminabas para el patio con una cara de dormido que conocí tan bien. Y para mi sorpresa, tenías una sonrisa en la cara. Y te sentabas a mi lado para comer, como lo hacías usualmente. Y yo, como si fuera algo tan natural, algo que deseé hacer siempre y reprimí hasta el cansancio en todo este tiempo, te acaricié el brazo y me posé en tu hombro con una mezcla de nostalgia, llanto y arrepentimiento. Y tu piel era tan suave como siempre lo fue. Y no me reprochabas nada. Solo te dejabas tocar por mi mientras comías, sin resentimientos, sin nada más que decir ni hacer, como si todo estuviera superado, perdonado, olvidado. Como si hubieses reiniciado, renacido, renovado.Y me desperté sin nada más que un sabor amargo en la boca del alma. Me desperté triste. Y ahora recuerdo y lloro mientras escribo. Y extraño. Y pienso. Y el corazón procesa a mil por hora. E intento calmarme, pero me acuerdo del sueño (y la realidad, los recuerdos, el pasado, el ahora...) y me invade la melancolía. Pero freno un poco y el alrededor me llena de alegría. Y me sumerjo en él para salvarme. Y voy, de a poco, muy de a poquito, recuperando el aliento, la sonrisa, la esperanza, esa que salva siempre y no debemos perder nunca.
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