People change, feelings change. It doesn't mean that the love once shared wasn't true and real. It simply just means that sometimes when people grow, they grow apart.
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Escritora desde que aprendí a posar el lápiz sobre el papel. Completamente indecisa. Poseedora de una mente peligrosamente abierta. Inteligente, con un ego filoso y un humor ácido. Todos los días intento ser una mejor versión de mí misma.

Sobre la palabra "Compañero"

Dibujo de Natacha Abril
Qué lindo tener un compañero. Ya la palabra "compañero" es algo que a mí, particularmente, me produce un éxtasis sonoro. Compañerismo, un concepto que es uno y múltiple. Es estar, es amar, es elegir, es brindar, es recibir, es respetar. Es ser uno y ser el otro. Es abrazar la individualidad y el colectivo. Es tener cosas en común y a la vez seguir discutiendo todas aquellas cuestiones con las que no podemos amigarnos del todo.
Ser compañeros es poder caminar sin decir nada, solo estar respirando juntos, ni siquiera al mismo tiempo, y sentirse cómodo igual. Es guardarse las mil y una cosas, pero sin dejar de decir la verdad.
Es estabilidad dentro de lo inestable, y viceversa. No es ir adelante o atrás, sino que es ir al lado y directo a un mismo centro. Es saber cuando decir "Dale" y cuando decir "Basta". Es la dualidad de lo imperfecto, la sintonía de lo dispar, la extrañeza en lo cotidiano. Es la risa compartida y no acompañada, y el llanto acompañado pero no compartido. Es la sonrisa en el sexo y mientras se toma una birra en la puerta de casa. Es asumir que vos no sos el otro y que el otro no es vos. Es aceptar las diferencias y al mismo tiempo abrazarlas, elegirlas. Es saber esperar al otro cuando se debe. Y también asumir que no siempre se tiene la razón.
El compañerismo es esa presencia que se difumina cada tanto pero no del todo. Es como si estuviera cuando no estoy mientras no estoy cuando está mi presencia. Es ese camino que decidimos afrontar solos, pero con la certeza de que cuando estemos cansados, vamos a poder apoyarnos en el hombro del otro a descansar un ratito.


A Zuleika. 

Time machine

Cuatro meses desde la última vez que me decidí a escribir algunas líneas en esta especie de diario público/personal que me inventé hace ya bastantes años. De hecho, hace varios meses que siquiera toco esta computadora. Las teclas se sienten distintas, e incluso yo me siento rara escribiendo mis sentimientos acá. Es como un viaje en el tiempo. ¡Sorpresa! Pareciera que vuelvo a tener quince otra vez.
Ya falta poco para que cumpla mis diecinueve años y todavía me cuesta escribir correctamente esa palabra. Todavía me cuestan muchísimas cosas. Y todavía espero demasiadas, como por ejemplo dejar de sentirme una completa estúpida y permitir que los demás me traten de esa forma. Me gustaría tanto que, por un minuto, se dignaran a escucharme y entenderme. Sí, lo sé, suena a una típica frase cliché de adolescente de quince años, pero no me culpen, ¡es el efecto de la máquina del tiempo! Honestamente, hay momentos en los que me encantaría dejar de preocuparme y focalizarme en disfrutar todo lo que he conseguido, aunque me falten millones de cosas por conseguir. Pero esta extraña sensación, esa maldita sensación de inutilidad que me acompañó toda la vida, es una de las cosas que más deseo quitarme de encima. Siempre estoy sintiéndome inapropiada, inservible, incómoda, apenada, incluso en los momentos y con las personas que no debería. Es realmente una estupidez, pero me hace sentir desgraciada la mayoría del tiempo. Desgraciada e incomprendida. Es como si nadie me tomara en serio nunca. Y sí, sé que hay gente que sí lo hace, pero son solo unas pocas y aún así, no pueden entender exactamente qué es lo que siempre estoy atravesando. Nadie puede meterse en mi piel. Nadie puede sentir lo que siento. Nadie puede comprender lo que pasa por mi cabeza. Pero no estaría mal que, de vez en cuando, aunque sea alguien lo intentara, por lo menos por unos instantes...