Me están pasando un montón de cosas buenas y, sin embargo, hay algo dentro de mí que me dice que haga algo para cagarlo todo. Y casi como treta del destino (o quizás, arte de magia), me escribe que le gusto y yo sonrío como tonta otra vez. Solo eso escribió "Me gustas", y solo eso bastó para que se me mueva toda la estantería. Pero, ¿qué te pasa, Melina? Te estás volviendo una boluda.
Cierro los ojos y recuerdo sus manos en mi cara. Desearía que pudiera tocarme ahora, justo cuando estoy pensando en que más temprano que tarde, voy a arruinarlo todo. "Tenes un imán para decir lo que hay que decir cuando hay que decirlo", le escribí y sentí que era precisamente lo que estaba pensando y sintiendo.
Pero igualmente, no puedo. Siento que no me sale. No me sale permitirme ser feliz, ni tampoco escribir sobre cómo me siento siéndolo. Es como si no supiera hacer otra cosa que estar triste y escribir sobre ello. Y pienso que quizás sea el miedo. El miedo a ser feliz y que se termine, a que me enamore en serio y me deje, a escribir algo realmente bonito y se arruine. "Puede que no duela ahora, pero va a doler pronto", canta Alex Turner y creo que es una advertencia para que me cuide, para que esté atenta, para que no caiga como una estúpida otra vez solo para quedarme sola y destruída al final. "Dale tiempo", entona Fiona y ya no sé cómo sentirme respecto a mí misma y a mi propia vida, solo porque todo el mundo me aconseja de distinta forma. Anteriormente escribí que no sabía para dónde correr y llegué a la conclusión de que, quizás, esta vez no se trate de correr sino de quedarse. Permanecer. Quedarse. Estar. Hace rato que no sé lo que eso significa y quizás sea por eso que no sé cómo sobrellevarlo a todo esto que me pasa. Mañana nos vemos, voy a leerte, vas a leerme (más bien, a escucharme, porque prometí estúpidamente leerme en voz alta) y nunca me sentí más contenta por abrir nuevamente y de verdad mi corazón. Siento que puedo ser yo, que puedo ir dejando caer la coraza, muy poco a poco, más que lentamente, pero al menos el hecho de que esté dejando que se vaya es un progreso.
"Te quiero, me gustas, quiero que me beses dulcemente y me pases tus manos suaves y grandes por la cara". Porque la caricia es algo que incomprendí por muchísimo tiempo y que, ahora que la tengo, no lo puedo creer y quiero que se quede para siempre. "Nada es eterno, ¿sabes?", me escribiste antes. Y yo ya lo sé, pero no me importa, y estoy dispuesta a disfrutarte aunque mañana puede que yo ya no esté o vos te vayas. Quiero dejar de contar los días para empezar a vivirlos.
"Siento que mil posibilidades nacen en mí. Soy ingeniosa, soy alegre, soy lánguida, soy melancólica, sucesivamente. Tengo raíces, pero floto." Virginia Woolf.
People change, feelings change. It doesn't mean that the love once shared wasn't true and real. It simply just means that sometimes when people grow, they grow apart.
- Srta. Mími
- Escritora desde que aprendí a posar el lápiz sobre el papel. Completamente indecisa. Poseedora de una mente peligrosamente abierta. Inteligente, con un ego filoso y un humor ácido. Todos los días intento ser una mejor versión de mí misma.
Corazón elástico
Hoy abrí la caja otra vez. Necesitaba un poco de inspiración para mi gran obra maestra que aún estoy creando, y decidí ir a buscarte al único lugar donde sé que siempre vas a estar: La puertita alta del armario, dentro de una caja blanca con manchas rojas. Y te encontré, nos encontré a nosotros, pero no me dolió. Hoy abrí la caja y no me dolió. Pensé que debía ser una broma, un chiste cruel que me hacía la cabeza, por lo que decidí revolverlo todo, hasta bien el fondo, pasando por toda una línea de tiempo de lo que construímos juntos (y ya se acabó) Y nada pasó. Seguía mirando las cosas, recordando aquellos momentos, pero nada pasó adentro. Creo que incluso sonreí por algunos chistes entre notas que nos pasábamos en las clases. Pero nada más. Admito que sentí que lo miraba todo con una coraza puesta, como si lo estuviera viendo a través de un vidrio grueso, que me dejaba ver pero no olerlo, tocarlo, estar ahí de verdad. Pero, así y todo, incluso ahora que ya he vuelto a dejar todo donde y como estaba, sigo sin sentir nada, exceptuando una sensación rara en el pecho que se parece a una presión pero que no me agobia como las que siempre siento. Porque puedo respirar, puedo tragar bien, y no estoy llorando. Miro el día en el calendario. Día y hora exactas. Hoy es cinco de abril del 2017 y son las 18:08 de la tarde. Mañana es seis, el día de nuestros cumplemeses, y tampoco lo percibo como una carga emocional. ¿Será que tendré que recordar esta fecha como el día en que dejé de llorarte?
Hace un rato, cuando me emocioné por la escritura, recordé que hacía bastante que no lloraba. E incluso emocionada no he sido capaz de llorar realmente. Al contrario, estuve riendo bastante, mucho más de lo que he estado bajoneada. Las risas y las mariposas en el estómago superan en número a los momentos de vacío emocional y existencial y me siento rara, como si esta no fuera mi vida y yo no tuviera derecho a ser feliz. Me va a costar volver a acostumbrarme a tener más días de calor (y color) que de frío (y pálidas) También me va a costar horrores volver a confiar, a sentirme confiada, a sacarme la coraza y mostrarme entera. ¿Valdrá realmente la pena intentarlo? A veces creo que no y me encuentro, nuevamente y de repente, por inercia, hecha una bolita en la cama de nuevo, volviendo a mi caparazón solitario. Pero después, en momentos como este, me recuerdo que vos no me rompiste, no del todo, y que todavía sigo luchando para encontrar la paz.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)

