
"Siento que mil posibilidades nacen en mí. Soy ingeniosa, soy alegre, soy lánguida, soy melancólica, sucesivamente. Tengo raíces, pero floto." Virginia Woolf.
Mi cerebro es la maquinaria más inexplicable, zumba, tararea, se eleva, ruge, se zambulle y luego se hunde en el fango. ¿Y por qué? ¿Para qué tanta pasión?
People change, feelings change. It doesn't mean that the love once shared wasn't true and real. It simply just means that sometimes when people grow, they grow apart.

- Srta. Mími
- Escritora desde que aprendí a posar el lápiz sobre el papel. Completamente indecisa. Poseedora de una mente peligrosamente abierta. Inteligente, con un ego filoso y un humor ácido. Todos los días intento ser una mejor versión de mí misma.
Notas empapadas del pasado y escritas en el ahora

Pase de la soledad al sol

Ahora en mi cabeza, en mi propio recuerdo, la película avanza velozmente. Y de un momento salta a otro, de una risa pasa a un relato nostálgico y viceversa. Y aunque todos esos sucesos fueron iguales de importantes que todo lo que ocurrió después, mi mente no hace otra cosa que no sea enfocarse en ese preciso instante en el que intenté pararme y escuché un pedido en tu voz que había estado esperando toda la vida. Y sonreí como si hubiera acontecido un milagro, giré la cabeza hacia vos (aún con la sonrisa impregnada en el rostro, imposible de quitar) y no dudé. No arrugé en ningún segundo, ni siquiera mientras tenía en mis manos el tesoro de tus mejillas frío/calientes. No pensé. Una vez más, fui puro instinto, puro desliz, pura pureza (valga la redundancia) del instante. Pero esta vez, como siempre, fue diferente. Porque cada momento es único e irrepetible, como todos nosotros, y esa es una de las cosas más bellas y misteriosas del universo que nos rodea,que nos conforma, que nos hace y deshace a su regalada gana.
Y aunque parezca patético y suene gracioso, aún tengo grabada en la memoria mi cara sonriente, las mejillas coloradas como una nena y el recuerdo latente en los labios. De hecho, vi mi propio reflejo en el bondi yendo a casa, y sonreí aún más, incrédula, sorprendida de mí misma y de la eterna inocencia del ser humano.
También se me asoma al corazón el momento en que vi tus ojos abrirse ante mi, justo después de haberse cerrado para entregarme el mundo. Y naturalmente, no pude evitarlo y te elogié. Y apareció esa sonrisa y se hizo ese pequeño bache en las mejillas, ese que te queda tan bien cuando hablas y reís.
Y si, este escrito es sumamente cursi y extremadamente prematuro. Pero es necesario. Es verdaderamente necesario crear un recordatorio, por más ridículo que sea, de esos labios suaves al tacto, de esa lengua inquieta, esa mano paseando por mi pierna, ese choque entre dientes que no dolió nada, y ese brillo indescriptible, indescifrable y hermoso que tenía la luz de tus ojos cuando me mirabas bien de cerca.
(Aún recuerdo que me tembló tanto el cuerpo que me creí un pedazo de papel...)
Los días y el tiempo
Los días, en su gran mayoría, son todos maravillosamente espléndidos. Mi vida sigue, mi mundo gira y nada parece volver para atrás. Pero la intermitencia de mi vida, esa característica sobre la cual escribí hace unos días, me remite de repente hacia ese sube y baja de emociones y momentos. Y el día de mañana, la fecha en sí, está plagada de esas emociones y rebosa de recuerdos. Lo estuvo en el pasado y ahora, en este presente que no existe y que no es nada, todo va a rebalsar y las cosas van a quedar flotando en ese mar de situaciones vividas.
La otra noche justamente, me acordaba de una de aquellas pocas madrugadas que pasamos juntos en una cama improvisada. Una imagen dulce me vino a la mente y no pude evitar sonreír con cierta nostalgia. Pronuncié tu nombre en voz muy baja, casi para que ni yo misma pudiera oírlo, y me dormí con el recuerdo en el alma y tu apodo en los labios. A la mañana siguiente, ni me acordé del contexto en el cual cerré los ojos, y mi vida continuó sumida en esa nueva rutina que se me presentó de imprevisto. Sin embargo, son esas pequeñas cosas las que me hacen divagar en el pasado por unos minutos y que manchan de a gotitas el presente, nublándome el paisaje hermoso que se va desplegando ante mis ojos.
Y ahora yo me pregunto, ¿qué voy a hacer mañana? Algo en el fondo me dice que va a ser un día normal en mi vida, que voy a realizar mis cosas como las realizo habitualmente. Mañana es viernes, tengo que ir a la facultad. Tendría que hacerme un huequito para seguir ensayando. El sábado canto por primera vez en mi vida sobre un escenario, solo mi voz y las notas de una guitarra que salió de la nada... Sí, puede ser que esa vocecita del fondo tenga razón. Puede ser que nada cambie en mí mañana, a pesar de que sea el primer seis de noviembre que no tiene sentido después de tanto tiempo. Pero a su vez reflexiono y sé que en cuanto me encuentre sola, algo me va a hacer click y una ráfaga de recuerdos y pensamientos me van a inundar la mente. Probablemente me ocurra a la noche. O durante el día, mientras viajo en el bondi y me pongo los auriculares para escaparme del mundo. O en mis momentos libres de la mañana, cuando leo y escribo sin pensar en las consecuencias. No lo sé. Es posible que mi día finalice con esa patética escena que se repite cada tanto, en la cual estoy en pijama, las luces apagadas, música que solo escucho yo, y unas cuantas copas encima, mientras canto haciendo la mímica imitando a cantantes que nadie juna o que ya están muertos. Hasta que después prácticamente me muero yo, porque entro en la cama trastabillando, me acuesto como puedo, cierro los ojos y en medio segundo mi cabeza va a dos mil por hora nadando en alcohol barato y obtenido de contrabando.
Para concluir y dejar de maquinear al pedo, cierro diciendo que el mañana es pura incertidumbre siempre. No puedo saber qué va a sucederme. Quizás muera sumida en la nostalgia. Quizás sonría todo el día. No lo sé. Tendré que dejar de especular y simplemente dejar que las cosas pasen. Sí, creo que esa es la solución más correcta frente a este panorama lleno de inexperiencia.
La otra noche justamente, me acordaba de una de aquellas pocas madrugadas que pasamos juntos en una cama improvisada. Una imagen dulce me vino a la mente y no pude evitar sonreír con cierta nostalgia. Pronuncié tu nombre en voz muy baja, casi para que ni yo misma pudiera oírlo, y me dormí con el recuerdo en el alma y tu apodo en los labios. A la mañana siguiente, ni me acordé del contexto en el cual cerré los ojos, y mi vida continuó sumida en esa nueva rutina que se me presentó de imprevisto. Sin embargo, son esas pequeñas cosas las que me hacen divagar en el pasado por unos minutos y que manchan de a gotitas el presente, nublándome el paisaje hermoso que se va desplegando ante mis ojos.
Y ahora yo me pregunto, ¿qué voy a hacer mañana? Algo en el fondo me dice que va a ser un día normal en mi vida, que voy a realizar mis cosas como las realizo habitualmente. Mañana es viernes, tengo que ir a la facultad. Tendría que hacerme un huequito para seguir ensayando. El sábado canto por primera vez en mi vida sobre un escenario, solo mi voz y las notas de una guitarra que salió de la nada... Sí, puede ser que esa vocecita del fondo tenga razón. Puede ser que nada cambie en mí mañana, a pesar de que sea el primer seis de noviembre que no tiene sentido después de tanto tiempo. Pero a su vez reflexiono y sé que en cuanto me encuentre sola, algo me va a hacer click y una ráfaga de recuerdos y pensamientos me van a inundar la mente. Probablemente me ocurra a la noche. O durante el día, mientras viajo en el bondi y me pongo los auriculares para escaparme del mundo. O en mis momentos libres de la mañana, cuando leo y escribo sin pensar en las consecuencias. No lo sé. Es posible que mi día finalice con esa patética escena que se repite cada tanto, en la cual estoy en pijama, las luces apagadas, música que solo escucho yo, y unas cuantas copas encima, mientras canto haciendo la mímica imitando a cantantes que nadie juna o que ya están muertos. Hasta que después prácticamente me muero yo, porque entro en la cama trastabillando, me acuesto como puedo, cierro los ojos y en medio segundo mi cabeza va a dos mil por hora nadando en alcohol barato y obtenido de contrabando.
Para concluir y dejar de maquinear al pedo, cierro diciendo que el mañana es pura incertidumbre siempre. No puedo saber qué va a sucederme. Quizás muera sumida en la nostalgia. Quizás sonría todo el día. No lo sé. Tendré que dejar de especular y simplemente dejar que las cosas pasen. Sí, creo que esa es la solución más correcta frente a este panorama lleno de inexperiencia.
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