"Siento que mil posibilidades nacen en mí. Soy ingeniosa, soy alegre, soy lánguida, soy melancólica, sucesivamente. Tengo raíces, pero floto." Virginia Woolf.
Interróguese siempre, en el peor minuto de su vida, lo siguiente: ¿Soy sincero conmigo mismo?
People change, feelings change. It doesn't mean that the love once shared wasn't true and real. It simply just means that sometimes when people grow, they grow apart.

- Srta. Mími
- Escritora desde que aprendí a posar el lápiz sobre el papel. Completamente indecisa. Poseedora de una mente peligrosamente abierta. Inteligente, con un ego filoso y un humor ácido. Todos los días intento ser una mejor versión de mí misma.
"Me encuentro con mi ex"
Esta semana que ya casi termina, estuvo pura y exclusivamente dedicada a los "ex's". No lo digo por mi solamente, sino que en todos lados a donde iba, en cada sitio que leía, alguien tenía algo para acotar sobre sus parejas pasadas. ¿Un ejemplo? Ayer empezó una novela nueva, y yo me quedé mirándola. Todo iba bien: el protagonista, su novia, el trabajo, el departamento y bla bla bla, hasta que ¡zaz! discusión por la aparición de un ex en puerta. Que grititos, que escenas de celos a nivel de Hollywood y todas esas cosas predecibles de las novelas de la televisión. ¿Querés un ejemplo más? ¡Lo pedís, lo tenés! Entro a un blog que no veía hace muchísimo, y como primera entrada, aparece una dedicada a su ex. En ella decía cuánto lo extrañó y explicaba cómo la afectó el haberlo visto de nuevo. ¿Otro más? Una compañera se está viendo con su ex hace unos cuantos días. ¿Y qué pasa? Lo extraña, quiere volver, confusión, llanto, y otra escena a nivel de Hollywood. Digo yo... ¿qué le pasa al mundo con los ex's? ¿Por qué los Astros complotaron para que en esta semana todo en mis días tenga que ver con aquellos seres innombrables que alguna vez nos elevaron hasta el cielo y después nos bajaron de un manotazo? Oficialmente, señoras y señores, esta no fue mi mejor semana...
La culpa y sus distintos puntos de vista
Descubrí esta triste realidad: la culpa fue y será siempre mía. Es obvio, ¿de quién más va a ser? Él asomó la hilacha, y yo la tiré. Por ende, yo fui la ilusa, la tonta. ¡Pero ojo! Siempre hay más de un punto de vista para las cosas: digo yo... ¿es culpa del cazador por poner la trampa, o culpa del sujeto que ha sido cazado por caer en la misma? ¿Es culpa del sujeto por ser tan ingenuo de caer, o culpa del cazador por hacer la actividad que le plazca? Varios le echarán la culpa al más "inteligente", por así decirlo, que en este caso es el cazador, defendiendo así a la criatura más inocente, más ingenua e incapaz de generar daño. Pero, como les advertí anteriormente, hay más de un punto de vista. ¿Por qué la culpa no puede ser del sujeto cazado?
Siempre salvan a las criaturas más indefensas, ¿qué tal si esa criatura que todos consideraban inofensiva es la más peligrosa? ¿Qué tal si esa criatura busca permanentemente ser cazada?
En el subconsciente nos planteamos generalmente una o dos veces las cosas y creemos que ya está todo más que solucionado a la segunda. Pero quizás no, ¿quién sabe? ¿Y si revisamos una tercera vez por si las dudas?
Siempre salvan a las criaturas más indefensas, ¿qué tal si esa criatura que todos consideraban inofensiva es la más peligrosa? ¿Qué tal si esa criatura busca permanentemente ser cazada?
En el subconsciente nos planteamos generalmente una o dos veces las cosas y creemos que ya está todo más que solucionado a la segunda. Pero quizás no, ¿quién sabe? ¿Y si revisamos una tercera vez por si las dudas?
Texto de una chica desolada
"Se me abrieron las heridas al volver a verte" leí por ahí hace un rato. Así me sentí aquella madrugada, en la que parecía estar viviendo en un túnel del tiempo, volviendo de repente a aquellos tiempos en los que lo único que importaba eras vos, tus mambos, escucharte, leerte, consolarte. ¿Cómo viaje desde un presente perfecto, un presente ideal, a aquel tiempo pasado, tiempo que yo creí ya superado; tiempo de pocas risas, de noches de llanto? ¿Cómo? Aún me cuesta comprenderlo. Me cuesta comprender cómo fui tan estúpida de hacer lo que me prometí que jamás volvería a realizar. Pero como alcohólico que se cree ya curado, cierto día, de repente, vuelve a caer en la misma. ¿Serás eso para mi, una droga que aún no logro superar? ¿Qué busco intentando engancharte de nuevo? Un día me hago la fuerte, y a los treinta segundos de haber iniciado la conversación, me siento débil, quizás impotente, sin saber qué hacer. ¿Creerme o no creerme todas tus palabras? ¿Seguirte o no seguirte el juego? ¿Hacerte pagar por lo que creo que hiciste o seguir con mi bondad a flor de piel y aceptarte a pesar de todo? Tantas preguntas y, una vez más, ni una respuesta. ¡¿Qué carajo voy a hacer con vos?! ¿Quién es el loco de los dos?
Los efectos secundarios de las entradas
Lo que voy a decirte, no es ninguna cosa linda: ya nadie duerme, ya no hay nada para ver. En este momento tenés que saltar. ¿No me escuchaste? Se ve que no te quedó muy clara la idea, ¡yo no te voy a llevar!. Dale, ya no sos un niño, no te me pongas a llorar. Además, no vas a poder hacer nada, es tan solitario el lugar, ¡y encima es tan lejos y el camino es muy estrecho!
Es bastante difícil decírtelo así, pero es la única que me queda. Yo quiero ir solo; es decir, la cosa no es contra vos, no es que yo no te quiero acá, simplemente me gustaría hacer algo para mi mismo esta vez. Encima me cuesta pensar con claridad en estos momentos, cuando no puedo verte y decirte las cosas en la cara, pero yo se que de nada sirve hacerse mala sangre, ya que seguro vamos a tener otra oportunidad.
Te confieso algo que no me gusta de este viaje: tengo que volar. Y a eso sumale, que tengo que decirte "chau". Sé que no es una despedida permanente, que no es que no vas a estar nunca más a mi lado, pero de todos modos me duele. Seguro estos pocos meses lejos tuyo, van a parecerme como mil días. ¿Sabes qué solitario voy a sentirme sin tus desayunos a las nueve?
En fin, por lo menos se que nada fue en vano, que este aviso va a llegar a tus manos. ¡Por favor no te enojes! Yo solo quería advertirte, porque te conozco, y estoy seguro de que todo esto no te va gustar.
Sigo sin comprender tantas cosas. En primer lugar, quisiera que me respondas sin siquiera vacilar: ¿cómo es posible que sigas a mi lado? Sé que tendrás la respuesta, y que no dudarás ni un segundo en formularla.
Sin embargo, me cuesta creer, me cuesta entender, como dice la canción de mi No Te Va Gustar querido. Me cuesta entender que continúes a mi lado cuando te digo que te vayas, que me abraces fuerte mientras yo no te digo nada, que me hables tranquilamente aún cuando yo esté pegando el grito en el cielo. Me cuesta creer que por fin tengo lo que soñé, una persona que no es igual a ninguna otra, excepto que se parece un poco a mi; me cuesta creer que estoy viviendo mi propia novela, mi propia película, ese largometraje alocado llamado "vida". Me cuesta entender porqué miro al pasado, cuando mi presente es tan genial, tan perfecto...
Aún no comprendo, no entiendo, no lo creo. El pasado se fue y no volverá jamás. ¡Y qué feliz que soy sabiendo eso! Aunque haya recuerdos buenos situados allí, ahora no son solo más que eso: recuerdos. Y si, tal vez no esté tan malo mirar hacia atrás, revisar alguna que otra hoja anterior. Pero lo que si es pecado, es querer volver y hacer lo posible para ello. Eso, para mi, merecería una pena de muerte psicológica, porque al fin y al cabo, eso es lo que es.
Volvamos al presente: casa nueva, vida nueva, personas nuevas, sueños cumplidos y otros por cumplir, historias nuevas. ¿De qué me puedo quejar? De absolutamente nada. Tengo todo lo que siempre quise, y creo que aún más. ¿Me mereceré todo esto? No lo sé, pero supongo que tengo que disfrutarlo mientras dure...
Sin embargo, me cuesta creer, me cuesta entender, como dice la canción de mi No Te Va Gustar querido. Me cuesta entender que continúes a mi lado cuando te digo que te vayas, que me abraces fuerte mientras yo no te digo nada, que me hables tranquilamente aún cuando yo esté pegando el grito en el cielo. Me cuesta creer que por fin tengo lo que soñé, una persona que no es igual a ninguna otra, excepto que se parece un poco a mi; me cuesta creer que estoy viviendo mi propia novela, mi propia película, ese largometraje alocado llamado "vida". Me cuesta entender porqué miro al pasado, cuando mi presente es tan genial, tan perfecto...
Aún no comprendo, no entiendo, no lo creo. El pasado se fue y no volverá jamás. ¡Y qué feliz que soy sabiendo eso! Aunque haya recuerdos buenos situados allí, ahora no son solo más que eso: recuerdos. Y si, tal vez no esté tan malo mirar hacia atrás, revisar alguna que otra hoja anterior. Pero lo que si es pecado, es querer volver y hacer lo posible para ello. Eso, para mi, merecería una pena de muerte psicológica, porque al fin y al cabo, eso es lo que es.
Volvamos al presente: casa nueva, vida nueva, personas nuevas, sueños cumplidos y otros por cumplir, historias nuevas. ¿De qué me puedo quejar? De absolutamente nada. Tengo todo lo que siempre quise, y creo que aún más. ¿Me mereceré todo esto? No lo sé, pero supongo que tengo que disfrutarlo mientras dure...
Que alguien me diga "¿Por qué?"
Cronología de un mal día
Y si, no todos los días son cielos despejados en la vida de una escritora, y menos si esa escritora, es una persona como cualquier otra. Hoy fue uno de esos días y como para empezar todo bien, estaba lloviendo a cántaros, esta vez literalmente.
1- Además de que al despertarme el cielo parecía caerse a pedazos, mis hermanas ya estaban gritando desde las diez y pico de la mañana. Parecían un matrimonio con 70 años de casados.
2- Traté de calmarme, de ignorar las peleas sumamente estúpidas y de seguir como si nada. Me hice el desayuno, lo tomé tranquilamente escuchando música y mirando alguna que otra imagen. Ahí creí que la paz empezaba por fin, que mi día realmente estaba cambiando de vía, pero cuando mis pensamientos positivos empezaron a aflorar, las discusiones continuaron.
3- Yo, siempre metida, Madre Teresa de Calcuta, quise detener las disputas. ¡¿PARA QUÉ?! Empezaron a gritar aún más fuerte, a lloriquear, patalear, reírse irónicamente, entre otras chiquilinadas que prefiero ni nombrar.
4- Ni siquiera pude bañarme con tranquilidad. ¿Pueden creerlo? Los gritos se seguían escuchando desde la ducha.
5- Propuse un trato, una firma de paz. Nuevamente me planteo la misma pregunta: ¡¿PARA QUÉ?! Más gritos, más lágrimas sin sentido, y ahora estaban enojadas conmigo. ¡¿Y yo qué carajos hice?!
6- Cuando todo estaba un poco calmo, llega mi mamá. Obvio, una madre es una madre, y percibió a leguas que algo andaba mal. Preguntó, respondieron, y más gritos empezaron de nuevo.
7- El día siguió con algo de humor. Eso creo. Bueno, por lo menos para mi sí. Me encerré en mi habitación, leyendo tres obras de teatro. Una me pareció sumamente estúpida, inservible; otra me hizo querer interpretarla con mi futuro marido, y la última me hizo reír hasta descostillarme de la risa. Me perdí en un mundo en el que yo era espectador y al abrir la puerta de la habitación y salir, no entendí más nada. Fue como si hubiese entrado y salido de un mundo a otro. ¡Fue espectacular!
8- No voy a seguir repitiendo lo mismo; se las resumo: más gritos, más discusiones, etc etc etc.
9- No tuve ni una mínima señal de vida de mi novio. No sé si murió, si se fue a Estados Unidos a triunfar con su música, o simplemente se pasó el día durmiendo sin levantarse siquiera para ir al baño o comer.
10- Ya casi finalizan las clases. ¿Saben qué significa eso para una de las únicas personas responsables del salón? De repente todos son "tus preciados amigos" y vos tenes que hacerles el gran favor de que se roben todo tu trabajo del año sacandole fotocopias a tu carpeta, o tenes que hacer de profesora particular gratis, pasarles las cosas que ni se molestaron en copiar, ser amable con todos y decirles "obvio que te la presto, no hay problema", entre otras mentiras que repetí toda mi vida escolar. Suerte que con mi gran don actoral que se fue desarrollando año tras año por mentirle sobre "enfermedades y dolores" a las profesoras de educación física, no se dan cuenta de que en realidad no quiero darles nada, porque no me rompí el orto para que otro venga, haga el famoso "copiar y pegar" y se saque un 33 con mi propio esfuerzo.
11- Y como para decir "esta fue la frutilla del postre/la gota que rebalsó el vaso" entre otras frases similares, estoy en mi tercer día de menstruación.
Y finalizado el conteo, viene la siguiente pregunta: ¡¿ QUÉ CARAJOS LE HIZO AL MUNDO UNA POBRE E INCOMPRENDIDA ESCRITORA?!
No me quejo para vivir, ¡vivo para quejarme!
A tomarlo con humor al finalizar el día, ¡qué va!
1- Además de que al despertarme el cielo parecía caerse a pedazos, mis hermanas ya estaban gritando desde las diez y pico de la mañana. Parecían un matrimonio con 70 años de casados.
2- Traté de calmarme, de ignorar las peleas sumamente estúpidas y de seguir como si nada. Me hice el desayuno, lo tomé tranquilamente escuchando música y mirando alguna que otra imagen. Ahí creí que la paz empezaba por fin, que mi día realmente estaba cambiando de vía, pero cuando mis pensamientos positivos empezaron a aflorar, las discusiones continuaron.
3- Yo, siempre metida, Madre Teresa de Calcuta, quise detener las disputas. ¡¿PARA QUÉ?! Empezaron a gritar aún más fuerte, a lloriquear, patalear, reírse irónicamente, entre otras chiquilinadas que prefiero ni nombrar.
4- Ni siquiera pude bañarme con tranquilidad. ¿Pueden creerlo? Los gritos se seguían escuchando desde la ducha.
5- Propuse un trato, una firma de paz. Nuevamente me planteo la misma pregunta: ¡¿PARA QUÉ?! Más gritos, más lágrimas sin sentido, y ahora estaban enojadas conmigo.
6- Cuando todo estaba un poco calmo, llega mi mamá. Obvio, una madre es una madre, y percibió a leguas que algo andaba mal. Preguntó, respondieron, y más gritos empezaron de nuevo.
7- El día siguió con algo de humor. Eso creo. Bueno, por lo menos para mi sí. Me encerré en mi habitación, leyendo tres obras de teatro. Una me pareció sumamente estúpida, inservible; otra me hizo querer interpretarla con mi futuro marido, y la última me hizo reír hasta descostillarme de la risa. Me perdí en un mundo en el que yo era espectador y al abrir la puerta de la habitación y salir, no entendí más nada. Fue como si hubiese entrado y salido de un mundo a otro. ¡Fue espectacular!
8- No voy a seguir repitiendo lo mismo; se las resumo: más gritos, más discusiones, etc etc etc.
9- No tuve ni una mínima señal de vida de mi novio. No sé si murió, si se fue a Estados Unidos a triunfar con su música, o simplemente se pasó el día durmiendo sin levantarse siquiera para ir al baño o comer.
10- Ya casi finalizan las clases. ¿Saben qué significa eso para una de las únicas personas responsables del salón? De repente todos son "tus preciados amigos" y vos tenes que hacerles el gran favor de que se roben todo tu trabajo del año sacandole fotocopias a tu carpeta, o tenes que hacer de profesora particular gratis, pasarles las cosas que ni se molestaron en copiar, ser amable con todos y decirles "obvio que te la presto, no hay problema", entre otras mentiras que repetí toda mi vida escolar. Suerte que con mi gran don actoral que se fue desarrollando año tras año por mentirle sobre "enfermedades y dolores" a las profesoras de educación física, no se dan cuenta de que en realidad no quiero darles nada, porque no me rompí el orto para que otro venga, haga el famoso "copiar y pegar" y se saque un 33 con mi propio esfuerzo.
11- Y como para decir "esta fue la frutilla del postre/la gota que rebalsó el vaso" entre otras frases similares, estoy en mi tercer día de menstruación.
Y finalizado el conteo, viene la siguiente pregunta: ¡¿ QUÉ CARAJOS LE HIZO AL MUNDO UNA POBRE E INCOMPRENDIDA ESCRITORA?!
No me quejo para vivir, ¡vivo para quejarme!
A tomarlo con humor al finalizar el día, ¡qué va!
"Contigo no hace falta que me desnude para que seas capaz de
ver lo que tengo en mi interior. Contigo no hay necesidad de sentirme
avergonzada, aunque a veces inconscientemente lo haga. Contigo no hace falta
el habla, porque dialogamos a través del cuerpo, de la mirada, de las caricias,
del alma. Contigo sobran las sonrisas, y faltan las lágrimas. Contigo hay más
cielos azules que días nublados. Contigo hay música sin sonido alguno. Contigo
hay sensaciones que se perciben en un silencio casi perfecto. Contigo puedo ser
transparente, sin necesidad de esconderme detrás de nada. Contigo las horas
parecen instantes, suspiros. Contigo todo es poesía, todo es arte. Contigo cada
día es diferente. Contigo todo es tan mío, tan tuyo.
Contigo, todo es tan nuestro..."
Qué
lindo que es saber que al terminar, puedo contar con tu sonrisa tímida, tu
abrazo cálido, tus penetrantes miradas. Qué precioso es saber, que cuando todo
va volviendo a la normalidad, yo puedo volver en mí misma mirándote a los ojos,
sonriéndote despacio, besándote el cuello. Qué bueno que es saber que cuento
con tus caricias, desde las que brindan tus manos, hasta las que brinda tu
alma.
Me alegra tanto
saber que, después de las respiraciones, las muecas, las sensaciones, puedo
contar con que sigas a mi lado...
Si tuviese que elegir una época
del tiempo en la que quisiera vivir, diría que en los '40 y '50. Siempre me
fascinó ese tiempo, esa época. Su música, su vestimenta, su peinado, su cine.
Todo me parece increíblemente precioso.
Creo que ese es uno de mis tantos estilos. Mi vestido de 15 lo
elegí ambientado en esa época, gracias a una corazonada. ¡Y lo amo tanto! Si
fuera por mi, viviría vestida al estilo "retro".
Todo lo que tenga que ver con ese ambiente, es como si fuese mío. Desde
la música hasta la ropa. Desde las películas hasta los libros. No sé porqué,
pero lo siento tan propio... como si, en alguna lejana ocasión, yo hubiese
estado allí, vistiéndome, peinándome y maquillándome como Marilyn Monroe,
bailando con la música de Sinatra, mirando las películas en las que Marilyn
también actuaba. Yo creo que en alguna vida pasada definitivamente viví allí.
Si, debe ser eso, porque no le encuentro otra explicación a mi gran amor, gran
aprecio, gran fanatismo hacia aquella lejana y preciosa época. No lo sé, solo
sé que si tuviese que elegir una época del tiempo en la que quisiera vivir,
diría: "¡yo quiero estar allí!"
Crónica de un martes 13
A veces quisiera despertar
y ver que ciertas cosas no existieron, que fueron quizás parte de mi
desquiciada imaginación, o tal vez nada más que un mal sueño. Me encantaría que
los lunes vuelvan a ser de meriendas con la tía y los primos, que los domingos
sean las cenas en lo de la abuela, que los recuerdos malos que ya creía
superados, no vuelvan por nada del mundo. Quisiera llorar en el momento que
quiero llorar, en vez de guardarme todo para ese instante de la noche en el que
no puedo dormir porque se me juntan los resentimientos, los recuerdos, las
lágrimas por distintos motivos.
Creo que daría esta lo menos pensado por volver a tener esas cosas
sencillas que marcaban la diferencia. Se que no todo era color de rosa, pero
antes de este presente, prefiero volver a la época en la que éramos felices,
aunque no la mayoría del tiempo. Ahora salen a la luz viejos rencores, que no
tienen nada que ver con lo que se está pasando, pero que se van metiendo
aprovechando que las cosas se van marchitando.
Cada vez estoy más metida en el medio, de una forma u otra. Cada
vez más gente se va sumando a esa bola gigante que se titula "bola contra
nosotros". Gente que nunca pensamos que nos traicionaría; gente que un día
te sonríe, y al otro te da la espalda. ¿Saben cómo se denomina a ese tipo de
gente? CARETAS, DOBLE CARA, FALSOS. Me duele en el alma decir estas palabras
para describir a la gente que quiero, pero yo me destaco, entre otras cosas,
por mi sinceridad, y si tengo que decir la verdad, voy a decirla aunque
duela.
A ese tipo de personas se sabe que es mejor tenerlas lo más lejos
posible. ¡Pero es tan difícil cuando esa gente está en tu propia familia!
Perdón si esta no es la publicación que esperaban de mi, pero en
algún lado tenía que descargarme. Estoy en mi derecho de poner lo que quiera en
mi propio blogspot, ¿verdad? Igualmente, disculpas.
Estoy hecha de las sensaciones que me causaste, de las canciones que no
cantaste, de las experiencias que me contaste. Estoy hecha de todas y cada una
de las veces que me dijiste lo que sentías, lo que no querías, lo que te
deprimía. Estoy hecha de pedazos rotos, pedazos nuevos, pedazos vueltos a
romper y vueltos a pegar. Estoy hecha de lágrimas, de sonrisas, de anhelos, de
melodías. Estoy hecha de vos, estoy hecha de mi. Estoy hecha de cosas
imposibles, de deseos concebibles, de sueños alcanzados. E inevitablemente,
estoy hecha de nosotros; ¡ya es parte de mi ser! ¿Y qué se le va a hacer?
Relaciones perdidas
Un día significas todo, al otro ni
siquiera te atreves a cruzar la mirada. Un día hablamos sin parar, al otro no
podes pararte ni siquiera a saludar. Un día me secas las lágrimas y soportas mi
llanto, al otro parecieras olvidar hasta las más profundas carcajadas. Y es
así, señores. Relaciones van, relaciones vienen, y otras tal vez vuelven una
vez más. Pero no todos tenemos la misma suerte de que lo que se rompió pueda
volver a arreglarse. Algunos tenemos que cosernos la boca, esquivar las
miradas, esconder los recuerdos, retrasar las lágrimas, levantar la vista y
seguir adelante. Seguir, sin aquellos que alguna vez significaron todo, y ahora
se reducen a la mismísima nada. Seguir, sin las personas que nos hicieron reír
hasta que nos doliera la panza. Seguir, sin mirar hacia atrás, sin siquiera
recordarlos, sin siquiera volver a verlos, sin siquiera volver a escucharlos. A
algunos nos toca la desgracia, o la buenaventura, de que no se pueda volver
marcha atrás, de que se tenga que ver sin saludar, de que todo lo que antes
significó risa, ahora signifique simplemente, llanto y olvido...
Carta a un amigo...
gieron, se aclararon: rápidamente, de manera inesperada. ¿Yo qué iba a saber que este era tu último año? ¿Yo qué iba a saber que esa pelea duraría para siempre?
No tengo el coraje, ya lo dije. No tengo la valentía suficiente como para volver a hablarte, como para volver a mirarte a los ojos, como para volver a sonreírte. Seré una cobarde, pero aún te sigo llamando "amigo", a pesar de todo.
Tal vez pienses que todo está en perfectas condiciones. Que ya no te pienso, que ya no te extraño, que ya no te recuerdo. Tal vez creas que el pasado es pisado, que lo que pasó ya se olvidó. Pero no; te puedo asegurar que de vez en cuando me acuerdo de vos. Te puedo asegurar que cuando nos cruzamos en las escaleras, la piel se me estremece, la respiración y el pulso se me aceleran y los recuerdos vuelven a mi mente. ¿Por qué me pasa todo esto? No lo sé bien. La única explicación que le encuentro, es que aún te considero "mi mejor amigo"...
Mi beso de desayuno
Besar. De eso mismo tuve antojo toda la mañana. Me dieron ganas de
besarte; de decirte una vez más todo lo bueno que me causas; de morderte
fuerte, pero despacio; de darte un abrazo de esos que no terminan nunca. Te
extrañé, y creo que más de la cuenta.
Durante algunos ratos, el antojo
se desvanecía. Pero en cierto tiempo y espacio, volvía sin que lo llamara. ¿Por
qué me pasa esto? ¿Es que acaso no puedo vivir de otra cosa que no sean tus besos?
Me indigna desearte y no tenerte.
Me indigna extrañarte y que no lo sepas. Me indigna depender de tu forma de
ser, de tus enojos sin razón que me hacen volar la cabeza, de tus gritos de
desesperación, de tus besos con distinto sabor, de tus brazos grandes y largos
que me abrazan por cualquier motivo, ya sea por risa, ya sea por llanto. Me
indigna que mi vida dependa tanto de si tus labios se rozan o no con los míos.
Me indigna querer mi beso de desayuno...
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