People change, feelings change. It doesn't mean that the love once shared wasn't true and real. It simply just means that sometimes when people grow, they grow apart.
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Escritora desde que aprendí a posar el lápiz sobre el papel. Completamente indecisa. Poseedora de una mente peligrosamente abierta. Inteligente, con un ego filoso y un humor ácido. Todos los días intento ser una mejor versión de mí misma.

Confusiones múltiples

No quiero que vengas a sumergirte en mi presente. He estado batiendo el récord, mi récord, ese en el que paso mucho tiempo sin beber, sin estar triste, sin recordarte con las ansias (y la esperanza eterna) de que vuelvas. Pero ahora, justo ahora, que estoy empezando a ver las cosas de otra manera, con otro color y desde otra perspectiva, me asaltás. Me tomas por sorpresa, apareciéndote de la nada en mi memoria, como si el tiempo no hubiese pasado, como si siguiera en el mismo lugar exacto que hace casi dos años, como si todavía esperara cruzarte en el camino a casa. Yo lo sé, por supuesto que ya lo sé. Sé que no estás más, que no me querés ver, que no me querés besar, que ni siquiera se te cruza por la cabeza el hecho de hablarme para preguntarme cómo estoy. Y creeme, incluso llegué a pensar que todo esto ya había terminado, que había pasado la página, que todo sería distinto esta vez en esta nueva oportunidad. Pero no puedo. No puedo dejar de pasar la página pero en el sentido inverso, para seguir releyendo y releyendo un libro que ya tuvo su capítulo final. Porque cuando todo empieza a ponerse raro, extraño, no tan rosa, quizás un poco complicado, sigo buscándote a vos, a tu abrazo, a tus ojos grandes, esos que ahora al recordarlos en mi mente hace que ponga una expresión como si me estuvieran clavando un puñal en el pecho. Porque vos sos mi constante. La historia que tuvimos, esa que terminó hace ya bastante tiempo pero a la que sigo aferrada con uñas y dientes pese a todo, es el lugar al que siempre vuelvo, pase lo que pase. Estoy atada con un hilo invisible a esas épocas, a esos besos, a esas palabras (las dulces y las hirientes) a esa sensación de complicidad, amistad, sensualidad, compañía. Con vos no tenía miedo, con vos no tenía vergüenza. Con vos no me sentía sola. Con vos podía ser yo, podía ser todas, podía ser ninguna. Con vos me comía el mundo y todo estaba bien porque vos me cuidabas. Ahora que me doy cuenta de eso no quiero hacer más que dejar todo y salir corriendo así como estoy, en pijama y sin maquillaje, hasta la puerta de tu casa, solo para buscarte y (seguramente, muy probablemente, más que posiblemente) llevarme una enorme decepción.
 Me doy cuenta de la intencionalidad de mis actos y no quiero otra cosa que retroceder y quedarme en mí misma. ¿Cuándo dejaré de ser tan estúpida? Vos fuiste la única persona (además de mi persona favorita en el mundo, pero eso ya lo sabés) que hizo sentirme especial. Y ahora, que todo terminó, que ya nada existe, ando vagando por el mundo intentando volver a sentirme así, de esa forma precisamente. Pero es todo tan difícil. Porque todo es tan efímero, tan líquido, tan intermitente que me resulta prácticamente imposible hacerlo perdurar en el tiempo en una línea continua y constante como para hacerme olvidar que no soy más que otra persona entre miles y millones con nada que me haga particularmente única y especial. Quiero ir ahí otra vez. Porque ya mismo estoy considerando revisar cuánta reserva me queda de aquel alcohol que me está esperando agazapado, escondido, en la repisa del olvido y la memoria.
 "Vení, salvame", escribo en la carta dirigida a nadie, o a cualquiera que esté dispuesto a leerla, a leerme, del derecho, del revés, entre líneas.

Give it time

Me están pasando un montón de cosas buenas y, sin embargo, hay algo dentro de mí que me dice que haga algo para cagarlo todo. Y casi como treta del destino (o quizás, arte de magia), me escribe que le gusto y yo sonrío como tonta otra vez. Solo eso escribió "Me gustas", y solo eso bastó para que se me mueva toda la estantería. Pero, ¿qué te pasa, Melina? Te estás volviendo una boluda.
Cierro los ojos y recuerdo sus manos en mi cara. Desearía que pudiera tocarme ahora, justo cuando estoy pensando en que más temprano que tarde, voy a arruinarlo todo. "Tenes un imán para decir lo que hay que decir cuando hay que decirlo", le escribí y sentí que era precisamente lo que estaba pensando y sintiendo.
Pero igualmente, no puedo. Siento que no me sale. No me sale permitirme ser feliz, ni tampoco escribir sobre cómo me siento siéndolo. Es como si no supiera hacer otra cosa que estar triste y escribir sobre ello. Y pienso que quizás sea el miedo. El miedo a ser feliz y que se termine, a que me enamore en serio y me deje, a escribir algo realmente bonito y se arruine. "Puede que no duela ahora, pero va a doler pronto", canta Alex Turner y creo que es una advertencia para que me cuide, para que esté atenta, para que no caiga como una estúpida otra vez solo para quedarme sola y destruída al final. "Dale tiempo", entona Fiona y ya no sé cómo sentirme respecto a mí misma y a mi propia vida, solo porque todo el mundo me aconseja de distinta forma. Anteriormente escribí que no sabía para dónde correr y llegué a la conclusión de que, quizás, esta vez no se trate de correr sino de quedarse. Permanecer. Quedarse. Estar. Hace rato que no sé lo que eso significa y quizás sea por eso que no sé cómo sobrellevarlo a todo esto que me pasa. Mañana nos vemos, voy a leerte, vas a leerme (más bien, a escucharme, porque prometí estúpidamente leerme en voz alta) y nunca me sentí más contenta por abrir nuevamente y de verdad mi corazón. Siento que puedo ser yo, que puedo ir dejando caer la coraza, muy poco a poco, más que lentamente, pero al menos el hecho de que esté dejando que se vaya es un progreso.
"Te quiero, me gustas, quiero que me beses dulcemente y me pases tus manos suaves y grandes por la cara". Porque la caricia es algo que incomprendí por muchísimo tiempo y que, ahora que la tengo, no lo puedo creer y quiero que se quede para siempre. "Nada es eterno, ¿sabes?", me escribiste antes. Y yo ya lo sé, pero no me importa, y estoy dispuesta a disfrutarte aunque mañana puede que yo ya no esté o vos te vayas. Quiero dejar de contar los días para empezar a vivirlos.

Corazón elástico


Hoy abrí la caja otra vez. Necesitaba un poco de inspiración para mi gran obra maestra que aún estoy creando, y decidí ir a buscarte al único lugar donde sé que siempre vas a estar: La puertita alta del armario, dentro de una caja blanca con manchas rojas. Y te encontré, nos encontré a nosotros, pero no me dolió. Hoy abrí la caja y no me dolió. Pensé que debía ser una broma, un chiste cruel que me hacía la cabeza, por lo que decidí revolverlo todo, hasta bien el fondo, pasando por toda una línea de tiempo de lo que construímos juntos (y ya se acabó) Y nada pasó. Seguía mirando las cosas, recordando aquellos momentos, pero nada pasó adentro. Creo que incluso sonreí por algunos chistes entre notas que nos pasábamos en las clases. Pero nada más. Admito que sentí que lo miraba todo con una coraza puesta, como si lo estuviera viendo a través de un vidrio grueso, que me dejaba ver pero no olerlo, tocarlo, estar ahí de verdad. Pero, así y todo, incluso ahora que ya he vuelto a dejar todo donde y como estaba, sigo sin sentir nada, exceptuando una sensación rara en el pecho que se parece a una presión pero que no me agobia como las que siempre siento. Porque puedo respirar, puedo tragar bien, y no estoy llorando. Miro el día en el calendario. Día y hora exactas. Hoy es cinco de abril del 2017 y son las 18:08 de la tarde. Mañana es seis, el día de nuestros cumplemeses, y tampoco lo percibo como una carga emocional. ¿Será que tendré que recordar esta fecha como el día en que dejé de llorarte?
Hace un rato, cuando me emocioné por la escritura, recordé que hacía bastante que no lloraba. E incluso emocionada no he sido capaz de llorar realmente. Al contrario, estuve riendo bastante, mucho más de lo que he estado bajoneada. Las risas y las mariposas en el estómago superan en número a los momentos de vacío emocional y existencial y me siento rara, como si esta no fuera mi vida y yo no tuviera derecho a ser feliz. Me va a costar volver a acostumbrarme a tener más días de calor (y color) que de frío (y pálidas) También me va a costar horrores volver a confiar, a sentirme confiada, a sacarme la coraza y mostrarme entera. ¿Valdrá realmente la pena intentarlo? A veces creo que no y me encuentro, nuevamente y de repente, por inercia, hecha una bolita en la cama de nuevo, volviendo a mi caparazón solitario. Pero después, en momentos como este, me recuerdo que vos no me rompiste, no del todo, y que todavía sigo luchando para encontrar la paz.

El torbellino

"Escribí una lista de pros y contras y hay más puntos buenos que malos", intento recordarme a mí misma para calmar el torbellino que se me está formando en la boca del estómago, producto de la ansiedad de la espera. Tengo la boca seca y recuerdo que Galeano escribió alguna vez que eso es uno de los efectos secundarios del miedo. Pero intento no pensar que así es, que estoy nerviosa, con vergüenza y con miedo, porque eso solo hace que el torbellino aumente más y más.
Algo anuncia que estás cerca, lleno de excusas por la llegada tarde (de otra forma, no podría estar escribiendo estas líneas) y nada me produce más terror que la idea de que me encuentres escribiendo estas líneas sobre vos y que, como suele sucederme, la cague antes de empezar. El solo pensar en eso me hace tragar fuerte y me genera un temblor en la mano tan grande, que las letras empiezan a parecerse a garabatos maltrechos. ¿Qué hace esta mina sentada en la puerta de la Iglesia meta garabatear todo el día? Les juro que yo tampoco lo sé, pero sí soy consciente que al menos llenando estos renglones consigo matar el tiempo y, aunque parezca mentira, calmar el torbellino y relajar los pensamientos.
"Temo que la historia se repita" es la frase que aparece mágicamente en mi cabeza y despeja todas las dudas. Y entonces me pregunto qué podría hacer yo para evitar que eso suceda. Porque ya lo he intentado todo: Ir con la verdad, ir con la mentira, ser yo misma, fingir ser otra, y todo termina de la misma forma. Me cuesta creer que nada distingue a esta vez de las demás y comienzo a desanimarme. ¿Y si mejor me voy corriendo? ¿Y si no lo veo nunca más? Y, de repente, como si de una treta del destino se tratara, mis auriculares reproducen "Someone to watch over me" y pienso que esa es la razón por la que aún sigo acá. Como en las películas, cuando el héroe llega a la gran verdad, la gran hazaña o conclusión, acá también sale el sol y me da en la cara, y pienso que sería un momento perfecto para que cayeras del cielo y pensaras "¡Qué linda esta curiosa muchacha que escribe sin parar!"
Sí, esa es la razón: Busco a alguien que me cuide. Nada me garantiza que todo esto termine de esa manera, pero al menos logré salir de mi desastre por un par de horas para ver qué pasa. (Esta vez me puso de la vereda de enfrente, a ver si así cambia la cosa, a ver si así se ve todo desde otra perspectiva.)

¿Cómo sobrevivir a las arenas movedizas?

Estoy enojada con la gente que decide irse para no volver jamás. La gente que se fuga sin pensar en qué va a ser de la vida de los otros, de los que dejan atrás. Estoy segura de que vos no te detuviste ni un segundo a pensar en qué iba a ser de mí cuando te fueras. O quizás sí, y reflexionaste en que seguiría adelante, en que encontraría la forma, en que reconstruiría otras cosas para dejar ir lo que ya fue y ya no existe. No digo que sea una cuestión de egoísmo, porque no está mal pensar en uno mismo y en el propio bienestar por encima de algunas cosas. Pero, lo que sí me parece absurdo y maligno, es el olvido. Olvidarse por completo de lo que te ha nutrido y te ha hecho feliz para seguir buscando lo que ni siquiera sabes qué es, sí me parece egoísta. No, egoísta no. Me parece estúpido. Yo no quiero olvidar. No me gusta hacerlo. Y siento que jamás podría. Jamás podría olvidarme de lo dulces y cálidos que eran tus besos, o del brillo de tus grandes ojos oscuros. Jamás podría olvidarme de los momentos en los que nos sentíamos como dos chiquitos y jugábamos sin vergüenzas ni barreras. Jamás podría olvidarme que fuiste el único que me entendió y me quiso a pesar de todo, a pesar de ser un bicho raro, de estar triste y contenta al mismo tiempo, de ser todas y ninguna a la vez. Jamás podría olvidarme de muchas cosas que fuimos y vivimos solo nosotros dos. Pero lo que sí me gustaría olvidar es de esa indiferencia que te generan mis sentimientos. Es como si ya no tuvieras emociones, o al menos no por mí, claro está. Siento que hay algo oscuro, lo percibo, tal y como percibía esos cambios de humor repentinos en los que no querías hablar con nadie excepto conmigo. Ahora, incluso a mí me contestás con frialdad, siendo seco y tosco, casi hiriente, como si estuvieras seleccionando meticulosamente las palabras que sabés con seguridad que van a hacerme trizas.
"¿Cómo sobrevivir a las arenas movedizas?", reza el subtítulo de una página de un libro que ya pasé hace rato y estoy segura de que termina como lo había previsto. Y la verdad es que no lo sé. Dicen que hay que mantenerse en calma, que es el pánico lo que termina matándote, y es ahí cuando me doy cuenta que no voy a poder hacer otra cosa más que hundirme. Soy presa del pánico, un blanco perfecto y fácil para él. Solo basta hacerme pensar un poquito de más para que el pánico y la desesperación me dominen entera. Jamás podría relajarme sabiendo que durante el resto de mi vida voy a sentir ese nudo en la garganta, la presión en el pecho y el presentimiento en la boca del estómago que nada va a ser como antes y que nunca voy a terminar de recomponerme. Siento que ya no creo en nada, ni siquiera en las cosas que se presentan a pincelada limpia ante mí. Por más que me traigan a la Verdad materializada, casi en persona, voy a tener que desconfiar de ella por miedo a que me haga daño, a que me esté engañando y en realidad sea la Mentira. Cierro los ojos con pesar, porque sé que esa es una vida llena de amargura y sufrimiento, tal y como supe desde chica que eso era lo que me aguardaba cuando crezca. Quisiera poder llorar, pero sé que en cuanto empiece no voy a poder parar y me voy a dedicar el resto del día a seguir arruinando cosas, incluyendo esa pequeña chispa de esperanza que, por más que desde ya pueda ver su desenlace fatal, al menos me saca alguna carcajada de vez en cuando. No quiero arruinar más nada. Es como si todo lo que tocara, en vez de convertirlo en oro, lo convirtiera en mierda.
"Te odio.
De haberlo sabido.
De haber sido yo suficiente.
Te fallé.
Ojalá pudiera haber hecho algo. 
Debería haber hecho algo.
¿Fue culpa mía?
¿Por qué no fui suficiente?
Vuelve.
Te quiero.
Lo siento."

Son pensamientos de una chica que ha perdido a quien ama a causa del suicidio y, aunque (espero) esa no es mi situación concreta, no puedo evitar sentir las últimas cinco oraciones clavadas en el pecho como si fueran dardos que dan todos juntos justo en el blanco. De a momentos sé que fue mi culpa, sé que no fui suficiente, y que quiero que vuelvas, y sé que te quiero y lo lamento tanto, tanto, tanto. Son cosas que sé con una total certeza, así como también sé a la perfección que no te importa, que yo ya no te importo, que ya no me querés, que ya no me leés, y que no vas a volver nunca de los nunca.

At least I'm not drinking

Ya no somos unos chicos. Eso es lo primero que recuerdo cuando, por primera vez, puedo volver a abrir esa caja que está en lo alto del armario y comprobar que no estoy llorando. No voy a mentirte, sí se me asomaron unas lagrimitas, pero solo fue porque noté que en una carta de amor ya te estabas despidiendo, y era de una manera tan dulce que ni siquiera me destrozó el corazón. Fue como si hubiera curado aquella partida, la real, la que fue una reverenda mierda y me arruinó la vida.
Pero no me puedo quedar con eso. No. No quiero. Tengo que ir y saber, saber si todavía estás ahí, si puedo salvarte de algo, si puedo volver a gustarte, si, si, si... Son muchas suposiciones, muchas teorías y cero práctica.
Me gustaría decir que lo lamento. Sigo escribiéndote cartas que se muy bien que vas a leer muy tarde o nunca, y me gustaría decir que lo lamento. Lo lamento en el alma, lo lamento todos los días. Es una lista interminable de cosas por las que me siento arrepentida y no sé cómo ni cuándo decírtelas a la cara. Además, vos nunca querés hablarme, y mucho menos verme, lo que complica las cosas sobremanera.
Pienso que podría hacerte llegar todo esto yo misma. Que podría hacerte saber que la dirección es la de siempre, que la puerta está abierta esperándote, como cuando dormía con la ventana a medio cerrar cuando era chica y tenía la esperanza de que Peter Pan viniera a buscarme para no tener que crecer jamás. Ahora en serio lo estoy meditando, y me doy cuenta de que tengo miedo. Sí, miedo. Miedo a desilusionarme, otra vez. Porque, admitámoslo, creo que es mejor continuar viviendo en la fantasía de que aún estás ahí esperando por mí, que darme la cabeza contra la pared de la cruel realidad en la que ya me superaste y posiblemente te estés revolcando con otra. Es una opción mejor, pero es algo absurda. Porque también soy curiosa, muy curiosa, y la curiosidad mató al gato, a mí y a mis esperanzas. Pero, al menos, el gato murió sabiendo, y yo también (con las ilusiones rotas y el corazón destrozado, pero sabiendo al fin) Hay que quitarse la venda de los ojos, por más que sufras, por más que duela. Merecemos saber la verdad, yo merezco saber la verdad. Por más que ya la tenga asumida, necesito el recordatorio permanente de tu voz diciéndomelo a la cara: Ya no te quiero más. Porque ahora dudo. Ahora estoy triste, sumida en una especie de cuadro depresivo en el que no dejo de leer, pensar y escribir dentro de la misma cama, y entonces me doy el lujo de dedicarme a dudar sobre tus sentimientos y los míos. Necesito saber. Siempre fue la incertidumbre mi peor aliado, mi más grande enemigo, mi mutilador, y ahora tengo que enfrentarme a eso para saber la verdad, una vez más. No importa el costo. No importa mi vida. No importa lo que siento. Ya no importa, no importa, no importa nada.
"Alguien ha estado escribiendo sobre nosotros, sobre nuestra historia." Es lo que pienso cuando, al leer un libro que es de amor de/para adolescentes, noto que encuentro muchas similitudes con la realidad y que no parecen ser meras coincidencias. Me gustaría creer que no soy la única que escribe sobre nosotros y todo lo que vivimos, pero supongo que allá afuera hay todavía más gente con muchas otras desgracias de amor y me siento un poco egoísta y culpable por querer sentirme especial, única y diferente.
Ayer y hoy estuve pensándote mucho. Antes de ayer también, durante casi toda la tarde y algunas horas de la noche. Bueno, miento: La gran mayoría de los días, tardes y noches te pienso, pero hay veces que me concurrís más que otras, y eso lo hace pesar de una manera distinta. Sin embargo, en donde nunca estás ausente, es en mis sueños. Todas las mañanas me despierto con la certeza de que te soñé la noche anterior. Es algo increíble, inexplicable, indescifrable. No sé cómo definirlo, pero siempre te sueño. A veces estás contento, queriéndome (ya ahí debería darme cuenta que no es más que un sueño, sólo porque la realidad es muy muy distinta) y otras te agarro enojado, molesto, alejándote de mí sin razón aparente. Pero, sea como sea, ahí estás, dando vueltas por mi subconsciente y me muero por pensar que a vos te pasa lo mismo. A veces imagino que, mientras vos das largos paseos en mi cabeza, yo lo hago también en la tuya, y es como un ida y vuelta en el que los dos dejamos nuestros respectivos cuerpos sólo para estar junto al otro. Qué estupidez, ¿no? Es estúpido, muy estúpido. Todos mis pensamientos sobre vos son estúpidos, y esto lo escribo con un pequeño nudo que comienza a anidar en mi garganta. Doy un suspiro, trago saliva y me rasco la nariz, intentando convencerme a mí misma que no soy tonta por seguir teniendo esperanzas. También me digo que no es cierto que ya estoy grande para seguir leyendo novelas de amores juveniles, aún cuando así lo sienta cada vez que leo un renglón y me doy cuenta que esto ya me pasó una vez y que nunca más va a volver a pasarme. Y eso no es estúpido. Es triste. Me da una tristeza sobrehumana el poder reconocer que mi tiempo ya pasó, que ya viví el gran amor de mi adolescencia y que ahora, lo único que queda, es enfrentar un amor adulto que ni siquiera sé si seré capaz de encontrar alguna vez. Todos los tipos con los que converso me parecen aburridos, poco sensibles, poco artistas, poco "vos". No se parecen en nada al chico divertido, duro pero aniñado que eras cuando empezaste a gustarme, y eso me parte el alma. Honestamente, no creo estar lista para nada ahora. Para nada que no sea lo que alguna vez fuimos. Por consiguiente, tampoco estoy lista para vos, para el "vos" que sos hoy en día. Sin embargo (y sabes cómo soy yo) mi cabeza dura no puede dejar ir la idea de que aún puede cambiarte para volverte a la normalidad, lo que quiere decir, volverte al chico sensible y cariñoso que eras antes. Es una enorme contradicción porque, por una parte, soy plenamente consciente que eso ya se murió, que ya fue, que no existe. Pero, por otra, sigo manteniendo viva la llama de la esperanza, esa que me dice que aún no es tarde, que en el fondo (al parecer muy, muy en el fondo) todavía vive el Emito de camisas a cuadros que me enamoró con sus canciones viejas y solos de guitarra a la hora de la siesta. Al escribir eso se me seca la garganta y no puedo evitar tragar saliva una vez más y sonreír por la nostalgia cuando una imagen se presenta en mi cabeza. Entonces (otra vez) pienso en las mil y una estrategias para volver a conquistarte, para que vuelvas a enamorarte de mí y (otra vez) algo dentro mío parece encenderse, sentirse bien y con un poco de optimismo. Me gustaría pensar que (otra vez, como lo hacías a los catorce años) estás leyendo estas líneas, solo para saber qué pienso de vos, y que (otra vez, como lo hacías  a los catorce años) vas a dejarme alguna respuesta en algún lado. Y me vas a decir que sí, que finalmente estás listo, que finalmente te animás, y vamos a vivir juntos y felices por siempre y para siempre.

(Sé muy bien que todo eso es una utopía, pero no sé por qué ya estoy pensando en dedicarme a remodelar el blog, solo por si acaso...)
"¿Vos te das cuenta que cada vez que rompo el silencio es porque no doy más?" me gustaría decirle, pero no me dan los ovarios. Me gustaría confesarle, que estoy a punto de volver a beber y que esto se está convirtiendo en un mal hábito, justo como él lo predijo meses atrás. Me gustaría anunciarle que a veces lo sueño, aunque es estúpido y no lo quiero. Me gustaría contarle mis escondites secretos para el alcohol que junto y rejunto y que esperan la perfecta ocasión para darme bien en la cabeza cuando lo necesite. Me gustaría también que, cuando le contara todo esto, no me retara y solo intente entenderme. Acabo de tomar el primer trago del 2017 y me gustaría que solo intente entenderme. Hoy lloré después de mucho tiempo sin hacerlo y me gustaría que solo intente entenderme. Que intente entenderme y me prestara atención. Me gustaría que todo el mundo, no solo él, haga un esfuerzo para mirar hacia mi lado y poder comprenderme. Estoy empezando a sentirme triste otra vez y hace apenas unos minutos que empecé a beber. Ya presiento que me voy a quebrar y no estoy muy segura de si seguir bebiendo me va a ayudar a enmendar las cosas. Lo que sí sé es que me ayuda a sacar todo afuera y eso, quieran o no, es algo. Va el segundo trago y me doy cuenta de que siempre te escribo con la excusa de decirte algo importante y empiezo a sospechar que ya te estarás dando cuenta que no tengo nada para decirte y que es solo una muleta de la que me agarro fuerte para tener el valor de acercarme a vos una vez más, con mis miles de errores y todo. Ahora me preguntás, una vez más, qué era lo que quería decirte y yo ya no sé qué contestar. Me armo de valor para nada y te respondo con una pregunta estúpida y de repente me acuerdo de lo mucho que extraño cantar, largarlo todo en un escenario y que la gente adivine de dónde me salen las cosas y a quién van dirigidas. El alcohol mezclado que estoy tomando no me está haciendo mucho efecto, por lo que estoy considerando agarrar otra cosa más fea y potente. Por el momento, solo siento calor y sigo sintiéndome miserable y vacía. Paso de canción en canción, de bebida en bebida, de amante en amante, solo buscando algo que me haga sentir algo. Pero nada pasa. Nada cambia y yo sigo acá en la cama, sintiéndome miserable y vacía.
Hace rato que le puse pausa a este escrito para seguir tomando un poco y llorando de más. Yo no quería esto. Con solo estar tirada en una vereda, casi muriéndome pero estando con vos, me sentiría mejor. No me importaría nada. Con solo saber que estás conmigo me bastaría. Ahora me decís que tenés un problema con drogas y no puedo evitar pensar que las teorías de mi novela estúpida y primeriza son ciertas.
Vuelvo de otra pausa y estoy cansada. No sé ni lo que escribí acá pero lo voy a publicar igual, solo para seguir fomentando la mala vida con los buenos recuerdos.

Nos vemos a las cinco



Trato de escribir esto lo más rápido posible para tratar de ganarle la carrera al tiempo y al olvido. Hoy te vi. Te estaba esperando con mi enterito de sandías abajo del rayo del sol, tratando de encontrar reposo y algo de sombra en la columna de la puerta de la municipalidad. No estaba nerviosa, para nada. Solo tenía curiosidad. Una inmensa curiosidad me atravesaba la cabeza y enredaba todos los pensamientos a su paso. Los ojos me iban de acá para allá, algo enchinaditos por la luz de las cinco de la tarde, pero yo hacía un enorme esfuerzo por mantenerlos bien abiertos para divisarte mejor y cuanto antes. Al ratito caíste. Te ví y sonreíste y me contagiaste inmediatamente la alegría, tanto que hasta te abracé. Llevabas puestos unos jeans oscuros con un cinturón que creo que era marrón, unas zapatillas claras bien cómodas y una remera azul-celeste con un escote sencillo y provocador. Tenías una carterita blanca en el brazo izquierdo y las uñas pintadas de un rojo increíblemente bello. No usabas maquillaje. Yo creo que simplemente no te hacía falta. Tenías el pelo semi atado (tus rulitos escapaban de vez en cuando) y tus anteojos puestos. "Sencilla", pensé, "y hermosa", también. Inmediatamente buscamos un lugar para sentarnos. Elegiste un  lugar en el centro, en el pasto, donde daba apenas la sombra de un árbol, y te pusiste a cebarme mates. Yo los tomaba dulces y vos amargos, y sin embargo supimos entendernos bastante bien. Nos hablábamos de todo. Saltábamos constantemente de un tema a otro, como si estuviéramos sumamente apuradas por contárnoslo todo de una. Yo quería conocerte y vos a mí. Quería que supieras cada detalle de mí, que lo tuvieras todo servido en bandeja, todo escrito en tu página en blanco, para que vos pudieras ver y decidir qué hacer con todo este desastre caótico que soy yo ahora.
Después de tanto hablar y hablar, una muchacha se nos acerca a invitarnos a una especie de protesta pacífica, un reclamo a la municipalidad y la nueva gestión para que dialoguen con una institución que beneficia y ayuda a los niños con autismo. Automáticamente fuimos y protestamos juntas, codo a codo, como si fuéramos compañeras de toda la vida. "¡Qué lindo conocerte así, che!", exclamaste sin una gota de ironía y me sentí completamente a gusto con tu presencia. Una vez finalizado el reclamo, nos fuimos a caminar y terminamos en la plaza de las artes (allí donde alguna vez un muchacho me dijo con una falsa timidez que yo le gustaba y quería besarme) y la charla y las risas encontraron su forma de hacerse camino. Te conté de mí (quería decirte sobre mis problemas del alcohol, pero temía asustarte así que no lo hice) y vos me brindaste un poco de tu historia, de tu vida, de tu persona. Al rato un sapo desubicado para su tiempo y lugar nos sorprendió y yo me asusté y te reíste. Te ofreciste a llevarme a casa y yo acepté sin ningún tipo de dilema. Te asombró que depositara mi confianza en vos tan pronto, pero yo ya no tenía nada que perder, así que no dudé en ningún momento. En el trayecto, hablamos un poco del pasado mientras me cantabas canciones de Eric Clapton en unos tonos tan maravillosamente exquisitos que quise parar el mundo solo para escucharte un poco más. Cuando me dí cuenta que ya estaba llegando a destino, te pedí que estacionaras un poco más lejos de casa y, sin preguntas ni titubeos, lo hiciste. Te pasaste media cuadra y estacionaste. Catalogaste al momento como una situación cursi en la que nunca se sabe bien qué hacer ni cómo, y automáticamente apagaste las luces, te pusiste de lado y me besaste. Clapton seguía sonando mientras nos reíamos entre chapes y nos acariciábamos las caras, como si intentáramos confirmar que la otra definitivamente era real. Yo tenía que irme, pero por supuesto que no quería, aunque el solo imaginarme que alguien pudiera verme besando a una mujer en los alrededores de casa me helaba la sangre y me arruinaba el momento. Yo tenía que irme, pero seguía dándote la mano, agarrándote el pelo y besándote la boca. Mi teléfono no dejaba de sonar, pero yo seguía dándote la mano, agarrándote el pelo y besándote la boca. Halagaste mi aroma sin saber que, minutos después, el tuyo me quedaría impregnado unos breves segundos en la piel. Eric Clapton canta su famoso "Leyla" y la tarareas mientras estas acostada sobre mi brazo. Nos miramos a los ojos y con picardía me retas a besarte de nuevo. Jugamos un rato hasta que finalmente lo hago entre risas. Mi teléfono vuelve a sonar y esta vez definitivamente tenía que irme, aunque seguía sin querer hacerlo. Me dijiste que estaba bien y casi como un acto reflejo dije que quería volver a verte después de tus vacaciones a Córdoba. Me diste el sí, prendiste la luz del auto y bajaste el espejo del acompañante solo para que pudiera arreglarme un poco antes de entrar a casa. Me vi hecha un desastre pero no cambié nada. Me gusta así. Te besé una vez más para despedirme, te pedí que me avisaras cuando llegaras a tu casa y en cuanto cerré la puerta del auto, me fui corriendo a casa como si fuera una nena que llega tarde porque se queda un rato más en la plaza a jugar.
Cuando me metí al baño y confirmé la caótica situación en la que se encontraban mi cara y mi pelo, supe que me encantabas, que esta vez era en serio y que, si vos estabas dispuesta a jugártela, yo lo tiraba todo por la borda y me iba corriendo a darte otro beso más con los labios color rojo despintado.
Ya es casi infinita la lista de canciones que tengo para volver a conquistarte. Algunas son de nosotros, o sea que ya las conoces (como por ejemplo la versión de Eddie Vedder y Cat Power de "Tonight you belong to me" que estoy escuchando ahora) y otras simplemente se me cruzaron por el camino mientras estaba sola y me hicieron recordarte. Hoy fue un día plagado de tu ausencia. Creo que son incontables las veces que estuve a punto de llorar y todavía no terminó este lunes de mierda. Y sé que muy pronto, cuando me encuentre definitivamente sola, me voy a poner a beber y nuevamente voy a estar por estos pagos escupiendo todo lo que se me atora en el medio de la garganta y el corazón. Porque sí. No, porque sí no. Porque te quiero. Porque te extraño. Porque vos no me querés ni me extrañás. Porque la vida no es justa y llega la noche y me pongo peor. Y no voy a mentirte. Hay días que espero, ansío, muero por encontrar el amor en cualquier esquina, solo para aliviar un poco la presión en el pecho y sacar las lágrimas de los ojos. Pero es inútil, porque sé que voy a intentar convertir a quien sea que se cruce en el camino (si es que alguna puta vez llega alguien) para que se parezca, sea como sea, de una manera u otra, aunque sea un poco a vos.
Ahora se me ocurre una idea sobre las canciones: Debería grabar un cd y dejártelo en alguna parte, solo para que lo encuentres y lo escuches y pienses en mí. Ups, ya arruiné la sorpresa, porque sé que leés este patético y antiguo diario virtual cada vez que me cruzo de alguna forma en tu pensamiento. Y ya tengo un montón de temas peleándose dentro de mí por ocupar el puesto número uno. Definitivamente, y porque te gusta mucho, el señor Vedder se merecería ir primero, y más considerando que ahora lo escucho y automáticamente "hay imágenes que se desvanecen en mi mente" y no puedo dejar de llorar. No es posible. No es verdad. Para mí no es la posta eso de que "ya no me querés más". No puede ser. Me rehúso a creerlo. Es decir, sé que me porté mal, que no puedo evitar ser una puta gratis con todo lo que camina, que muchas veces te hablé mal, que algunas cuantas te hice quedar en ridículo, que soy una testaruda de mierda que no sabe entrar en razón, pero no creo que ninguna cosa en el mundo haya sido suficiente como para que dejes de sentir ese amor inmenso que me tenías. Lo único que me deja tranquila es que (si realmente no existe una última vuelta atrás) disfruté, aproveché, y supe ver a cada instante todo lo que sentías por mí. Lo que me perturba un poco es que quizás vos no pudiste descifrar (o yo no supe demostrar, lo cual es más probable) cuánto yo te quise, y aún te quiero. Y ahora ya es tarde. No importa cuántas noches beba, cuántos poemas escriba (sobria o borracha), cuántos cds grabe, cuántas canciones cante, cuántas veces te llame o te escriba. Ahora ya no importa, ahora ya no sirve. No te puedo obligar a que me quieras. Unx no puede amar a la fuerza, pero ¿acaso puede olvidar de manera obligada? Ojalá pudiera borrarte. No, borrarte no, porque te amo (aunque nunca te lo dije, ahora no veo la hora de poder gritártelo a la cara) y no me arrepiento de nada de lo que pasó entre nosotros. Pero sí me gustaría borrar el dolor, por lo menos para no tener que beber y llorar descontroladamente cada vez que me atrapa tu presente ausencia. Porque nunca voy a aprender. Siempre dicen que unx tiene que aprender alguna vez, pero yo nunca voy a aprender. No me sale. No puedo hacerlo. Quisiera que me hagas el amor, pero queriéndome. No porque estamos ebrios en el baño y somos ex's y no nos queda otra que hacer nuestro espectáculo y saciar nuestra sed. Quiero que me ames y que se note. Que me abraces, que me tomes las manos, que me beses dulcemente y me digas al oído que, para vos, soy tan preciosa que llego a perfecta (aunque yo te diga que no, como siempre lo hice) Quereme un poco, Emito. No es tan difícil. Es solo cuestión de volver.

Nota al pie del día

Te quiero. Y no estoy jugando.
Te quiero. Y no estoy borracha. 

Te extraño, y no te miento. Muero por beber algo, pero te vas a enojar conmigo. Me vas a decir irresponsable, alcohólica (sutilmente, no con la dureza de esa palabra, solo para no hacerme daño) y me vas a mandar a la cama para que no vomite o siga tomando. Me gustaría volver a dormir con vos, simplemente para moverme entredormida y sentir tus caricias y tus cuidados. Porque la otra vez me cuidaste. Yo daba vueltas entre las sábanas y vos me cuidaste. Si me destapaba, me tapabas, y si se me corría la almohada y me encontraba incómoda, de repente podía sentir cómo la acomodabas para que volviera a dormir bien. A veces me despertaba a medias y me besabas. A veces me despertaba por completo y sentía tu abrazo. Era una sensación dulce, cálida, casi de ensueño, casi del pasado, casi del recuerdo que a veces es olvido. 
Me quería levantar (tenía cosas que hacer) pero los minutos pasaban y yo no podía moverme. No, sí que podía. Pero no quería. ¿Quién sabe cuándo iba a tener esa oportunidad otra vez? ¿Quién sabe cuándo volverías a quererme? Así que continué procrastinando y me quedé. Me acuerdo y te quiero, te extraño, y no me quiero poner a llorar porque no da y seguir mendigándote cariño me hace sentir cada vez más patética. Y eso que todavía estoy sobria. Todo un día libre de ebriedad y así y todo ya te mensajeé más de mil veces. Me esquivaste. Alevosamente me esquivaste, y yo ya no sé qué hacer. Perdí la cabeza, pero no por amor como te dije que quería. La perdí porque no sé y ya no la puedo encontrar. Te quiero, te extraño, dame más. Quereme, no me olvides. Volvé por mí. ¿Cuándo vas a volver por mí?

This is not a posteo borracha

AVISO: Este no es un típico posteo borracha. No, señor. Estoy sobria y, de hecho, esto fue primero escrito en un cuaderno de papel para ser pasado posteriormente (cinco microsegundos después de haberlo escrito) a esta especie de diario virtual que tengo desde mi patética y cursi preadolescencia. Y no, no me hackearon la cuenta. Sigo siendo yo, soy yo, la que siempre escribe en condiciones deplorables en este formato digital. Solo que esta noche estoy diferente, me siento diferente, tanto que hasta incluso siento ganas de hacer algo productivo, positivo y decente por mí misma. 
Bueno, ya han sido notificadxs. Sepan disculpar las molestias. Ahora, pueden continuar leyendo la publicación como lo hacen habitualmente. Buenas noches, buena vida, y salú (con un vasito con agua invisible)

"I'm scared" es todo lo que alcanzo a pensar siempre cuando llega el final. No lo sé, tal vez sea el período pero al mismo tiempo que siento miedo, tengo leves asomos de esperanza. La desgracia es que es una esperanza vaivén, que oscila de un lado a otro de la historia, y eso no hace otra cosa que no sea confundirme más.
A la vez siento un progreso: Al menos no estoy tomando. Creo que por primera vez me puse a pensar en los efectos secundarios, más bien en la horrible resaca que tendría al día siguiente y dije: "No quiero soportar esto", y con gran énfasis en la palabra "quiero" porque delata una enorme fuerza de voluntad por salir de este hoyo, dejar de beber (al menos por estas cuestiones/ocasiones) y ponerme las pilas con lo que realmente quiero conseguir. Ahora el camino es más difícil (¡qué lindo que se siente el desliz de la pluma! Es una microfibra, pero "pluma" suena más fancy) Esta es la parte en la que salgo de la cama y me pongo a hacer muchísimas cosas, con música alentadora de fondo (de esas que te dicen que todo va a estar bien) y los planos secuencia pasan cada vez más rápido mostrando un enorme progreso. ¿Acaso no es eso lo que pasa siempre en las películas? ¿Acaso no es eso lo que unx espera? Malditas y perfectas películas. Me hacen creer que todo será tan fácil y divertido...Y a veces lo es, don't get me wrong, pero otras, simplemente no. Pero, en fin, no todo puede ser siempre risas, besos y abrazos. Tampoco una tragedia constante. "Lo único que no tiene solución es la muerte", me dijo el joven y yo en ese momento no le presté atención, y ahora le creo completamente. No creo que todo esté perdido, solo que yo ya no sé qué quiero recuperar. Debo admitir que ambos caminos, ambas opciones son tentadoras. Pero el miedo me paraliza ante cualquiera de las dos posibilidades. Pero tengo que elegir. En la vida hay que elegir, ¿no? Y unx no puede quedarse siempre con el pan y con la torta. Definitivamente tengo que tomar una decisión. ¡Lástima que yo estoy esperando que ella me tome a mí!

AGREGADOS FINALES ESPONTÁNEAMENTE ANOTADOS ACÁ: No me voy a quedar dudando todavía, tranquilxs. Creo, creo que sé qué voy a hacer. Lo único que puedo adelantarles, es que voy a darme una oportunidad. Me parece que me la merezco, que no tengo por qué desperdiciarla, que ya no tengo que seguir con ese miedo constante e insensato. Debería simplemente lanzarme y ya. Me he lanzado a piletas que sabía de lleno que estaban vacías. ¿Por qué no tirarme en esta, que al menos tengo más de un camino viable? Puede que esté llena. Puede que esté vacía. Al menos tengo el beneficio de la duda. Al menos puedo encontrarme con dos distintos resultados al llegar al fondo. Ya he perdido bastante, y sé que aún puedo perder más pero, ¿acaso gano algo teniendo miedo? ¿Acaso gano algo privándome de las cosas? Yo creo que no. Y si no puedo ganar, prefiero salir afuera a ver si puedo ganar o perder. Quiero tener la opción de elegir. Que quedarme en la cama pensando en lo que pudo ser y lo que no no sea mi única salida. Quiero poder optar entre permanecer en casa padeciendo mis pensamientos o salir a probar suerte. Y hoy por hoy, elijo salir a probar suerte. Puede que al despertarme mañana (aunque mañana ya sea hoy, whatever) piense diferente, pero por lo menos sé que me dormí con la conciencia tranquila, medianamente decidida, y sin esa horrible presión en el pecho que me agobia siempre. De hecho, ahora siento el pecho totalmente liberado, como si tuviera espacio para albergar miles y miles de cosas. Respirar hondo no se me dificulta, y ahora empiezo a creer otra vez en los poderes y las energías de las piedras recargables. Quizás sea la fase previa a la menstruación (estoy casi segura que mañana me viene, voy a leer todo esto y sentirme una hippie patética) pero si no lo es, espero poder disfrutar de este ataque de positivismo, valentía y esperanza mientras me dure.

Túnel del tiempo

"Ella no es perfecta. Tú tampoco lo eres, y ustedes dos nunca serán perfectos. Pero si ella puede hacerte reír al menos una vez, te hace pensar dos veces, si admite ser humana y cometer errores, no la dejes ir y dale lo mejor de ti. Ella no va a recitarte poesía, no está pensando en ti en todo momento, pero te dará una parte de ella que sabe que podrías romper. No la lastimes, no la cambies, y no esperes de ella más de lo que puede darte. No analices. Sonríe cuando te haga feliz, grita cuando te haga enojar y extráñala cuando no esté. Ama con todo tu ser cuando recibas su amor. Porque no existen las chicas perfectas, pero siempre habrá una chica que es perfecta para ti..''

Este párrafo super trillado compartía un día como hoy pero del 2011. Era un cinco de noviembre en el que era una pendeja que no sabía cómo disimular la sonrisa que le generaba esa nueva excitación al saber que se estaba enamorando de su mejor amigo. Al día siguiente, todo se hizo oficial: eramos novios. ¡Qué emoción! No me avergüenza admitirlo: No cambiaría nada. No importa todo lo malo que vino muchísimo después, todo valió la pena y la alegría. Cada segundo, cada minuto, cada instante en el que reímos, lloramos, gritamos, fue hermoso. ¿Quién diría que en la actualidad, en este año 2016 que se me presenta como una intensa marea indomable, estaría escribiendo desde una perspectiva totalmente distinta? Mañana es tu cumpleaños, y es nuestro segundo no-aniversario desde aquel tiempo en el que todo se fue a la mierda. Hace unos días no aguanté más y te invité a coger. Me quise hacer la dura, pero no me salió. ¿Sabes qué era lo que yo realmente necesitaba? No quería que me saques las ganas, no. Quería que me abrazaras. Quería dormir en tus brazos, que me dijeras que soy hermosa, a pesar de mis estrías, mi celulitis y mis miles de defectos. Y algo era extraño, ¿sabes? Era como si tuviera que rebuscar en tu alma, en lo más profundo de tu ser, para arrancarte las palabras que tanto quería y necesitaba escuchar. Me dijiste que tenías los sentimientos enfriados, congelados, apagados o algo así, y a mí se me partió el alma y no lo pude disimular. Vos estabas tan inerte y yo que quería que me quisieras como yo te estaba (te estoy) queriendo (ahora). Perdón, no sé. No puedo evitar sentir este nudo inmenso en la garganta y querer romper a llorar acá, en este preciso instante, en este contexto en el que estoy, rodeada de gente que nada sabe o todo calla. Y no me importa que estén todos caminando de acá para allá y yo esté escribiendo esto a plena vista en una pantalla de tamaño considerable. Lo que sí me importa es el no saber qué carajo hacer dentro de unas horas, cuando por fin voy a volver a salir con un chabón durante la noche, después de muchísimo tiempo de no hacerlo. Me va a invitar a su casa, lo sé, y sé muy bien también que voy a decir que sí. Lo que no sé ni tengo muy en claro todavía es qué va a pasar cuando ya esté allí. Tengo dos opciones, dos futuros posibles, viables: O voy hasta allá y garchamos como si no me pasara nada (porque realmente no me pasa nada o porque lo estoy disimulando como una campeona) O bien, voy hasta allá y cancelo todo en el medio del proceso, me voy para atrás porque el alma me pesa de la angustia y simplemente me dedico a dormir tratando de ocultar mi mediocridad y desesperación. No lo sé. Estuve dándole muchas vueltas a esta especie de "cita". Sabía que me iba a pasar esto. Sabía que, al invitarte a mi casa una vez más, al verte otra vez, al sentir tu calor de nuevo, me iba a ablandar y todo el poquísimo avance que había hecho se iba a ir por el caño. No tendría que haberlo hecho, pero una vez más no lo pude evitar. Te extraño, che. Y no voy a pijotear al decirlo. Quería escribirte algo por tu cumpleaños, pero creo que no voy a poder. Una vez más, voy a optar por el camino más fácil: beber un poco, olvidarme un rato, y dejar de pensarte aunque sea una noche, para poder dormir tranquila inmersa en una falsa paz. 
Vos sí me hubieras querido, con el pelo enmarañado y todo. Vos sí me hubieras querido, aún cuando me esté dando cuenta de que estoy comiendo de más y los pantalones que tanto te gustaban ahora me quedan chicos. Vos sí me hubieras querido así, al natural, con mis pelos, mi sangre, mi mal humor, mi carácter y todo. Vos sí me hubieras querido, si tan solo fueses el de antes y yo la misma de siempre. Hoy me agarró de sopetón la prontísima llegada de tu cumpleaños, que no es nada más ni nada menos, que nuestro aniversario también. No me di cuenta. De golpe y porrazo se me pasó el año, la vida y ya estamos a una semana de otro seis de noviembre cargado de ausencias. Vos vivís, claro está. Vas a tener otro cumpleaños rodeado de tu familia y seres queridos, por supuesto. Pero algo falta. Y no lo digo por mí. Falto yo y faltas vos. Faltamos nosotros, ese nosotros que se murió sin que yo me diera cuenta. ¿Cómo no lo vi? ¿Por qué no hice nada, si ahora lloro la pérdida y cada vez tomo un poco más? El nudo enorme que siento en la garganta se asemeja al gusto del tequila. Es un sabor amargo, que me ahoga, que me aprieta la tráquea y siento que quiero respirar pero no puedo. No importa cuantas veces intente dar una bocanada de aire, es imposible. Marcha otro trago y le subo el volumen a la música. Me siento mediocre otra vez y puedo ver claramente que el progreso no está en mi vocabulario. No ahora, ni tampoco antes, porque mi presente está inundado de pasado y lo veo cada vez más cuando me doy cuenta que sigo acá, estancada, sin capacidad de encarar nada nuevo sin miedo al final. Y es que ya lo veo, desde el principio veo el desenlace fatal. Es como si me subiera a un tren e inmediatamente lo vea descarrilar. Ahora que tomé un poquito de más ya no siento nada. Es como si estuviera en una pausa, como si me viera a mí misma desde afuera y dijera "what a stupid girl", porque yo en mis fantasías se hablar inglés y todo. Ojalá pudiera borrarte. Ahora me encuentro tan dolida y destruida como para desear incluso eso. Ojalá pudiera borrarte, como Clementine y Joel, pero con la diferencia de que nosotros no vamos a tener ese final glorioso y bien de película yanqui en el cual las parejas siempre terminan juntas a pesar de todo. No. No todos tenemos esa suerte, y nosotros no somos ninguna clase de excepción. No vamos a volver a estar juntos a pesar de todos nuestros problemas. SÍ, LO ESCRIBO EN MAYÚSCULAS TODO PORQUE ES COMO SI ME ESTUVIERA GRITANDO A MÍ MISMA LA VERDAD: NO VA A PASAR. EL TIEMPO NO SE VUELVE PARA ATRÁS Y LAS COSAS NO VAN A SER NUNCA COMO ANTES. ¿Cuándo voy a aprender? Me siento vacía, aunque el alcohol me nuble la vista, me enrojezca las mejillas y me haga hervir la sangre y teclear cualquier cosa, borrandolo todo. Pero no puedo. No lo puedo evitar. No puedo tolerarlo, no puedo manejar el dolor, el vacío, la vergüenza, el miedo, el fracaso, la falsa esperanza, y todo lo demás que ahora se me fue de la lengua pero que siento en todo el cuerpo, todo el tiempo, todos los días. Este trago que sigue va a tu salud, y al olvido, y a nuestra historia. Fueron tres años y medio, por poco no fueron cuatro, pero para mí a esta altura significan toda una vida. Y te juro que ahora, al borde de un nuevo colapso nervioso y emocional que me hace casi vomitarlo todo, extraño tu abrazo más que a nada. No puedo dejar de extrañar tus brazos como imagen de mi hogar. Me gustaría mucho que me abraces sin decirme nada, sin juzgarme por estar tomando otra vez, por ser una perdedora y una perdida, por ser una idiota inservible, incapaz de nada. Un solo abrazo hasta que deje de llorar. Unos cuantos mimos en el pelo, los "rulitos" como les decíamos antes, solo para que se me vaya pasando de a poquito. Te juro que siento que me ahogo. Ayudame, salvame, pero sé que no hay nadie. Me castañean los dientes y hago una fuerza inmensa para no pegar un grito que abarque todo. Ya casi no puedo levantar la botella. Me pesa mucho para mis brazos que ya no sientes y mis dedos que a esta altura ya no saben cómo escribir. Trago saliva fuertemente para no vomitar todo. Suena asqueroso, lo sé, y lamento estar dándote esta imagen de mí, pero es la única imagen que hay, la única que existe, la única que respira ahora. Realmente quisiera llamarte y que me contengas, pero no lo sé. Tengo miedo de que ya no quieras responderme, que comentes sobre mí con tus amigos y te rías de tu "alcohólica y psicópata ex". Sé muy bien que aunque sea un mísero mensaje de texto voy a enviarte. Porque lo necesito. Necesito que me digas que todo va a estar bien, que voy a mejorar, que voy a crecer, que ya alguien me va a querer y necesito creérmelo todo, de pe a pa, y que mañana sea otro día en el que no me acuerde de nada de lo que dije o escribí y pueda seguir con mi intento de vida después de vos, de mí, de nosotros. "Emito ayudame", te escribí con faltas de ortografía, y me contestaste al instante y te saludé. Me saludaste. Me preguntaste si estaba bien y yo inconscientemente me sentí mejor. Ahora lloro. No sé bien por qué, pero ahora lloro y te pido ayuda para algo que ni yo sé qué es. Sos tan bueno, tan lindo y comprensivo que eso me hace sonreír y llorar más. "¿Pero con qué necesitas ayuda?" me preguntás, y yo contesto "Conmigo", mientras me sirvo otro trago. Tu teléfono ya me lo sabía de memoria y la tele se apagó de repente sola. "Cuando tomás sos un patética", me dijiste y yo ya lo sabía, y me dolió casi tanto como cuando un guacho me dijo "alcohólica" por primera vez.

Relato truncado

"Todos, en mayor o menor medida, deseamos ser queridos, abrazados, besados, acariciados", me escribió luego de leer algunos de mis poemas de puta triste y me sonreí, porque sabía que era cierto, sabía que no estaba sola. Y la coraza se iba cayendo poco a poco con cada beso, con cada jadeo, con cada mueca con los ojos cerrados. No quiero sentir miedo de abrirme de nuevo, pero no puedo evadir las imágenes de los fracasos anteriores que se me vienen a la mente cada vez que siento una caricia nueva. Y justo cuando pensaba todo eso, me dijo que lo mirara a los ojos y no me sintiera insegura; yo estaba algo avergonzada, es cierto, y no quería sentirme así, como una chiquilina en su primer beso, pero mis mejillas rojas y la sonrisa tonta en el rostro expresaban todo lo contrario. "Solo tengo que ser yo y dejarme llevar", pensé entre besos y todo salió bien y no me sentí mal por ello en absoluto. Sin embargo, al llegar a casa, aún me cuestiono si debería confiarme tanto e ilusionarme a rienda suelta. ¿Y si me suelto y vuelo muy alto? La caída va a ser fatal, letal, prácticamente mortal. No habría chance de sobrevivir. No otra vez, no de nuevo. Estoy en un momento de reconstrucción. Por milésima vez estoy juntando las piezas de lo que vos rompiste y cada movimiento lo hago con el mayor de los cuidados. Tengo que soltar lo que ya es irrecuperable. De otra forma, ¿cómo me abriría paso hacia lo que viene? Pero...esperen, ¿y si lo que viene no es nada? ¿Qué pasa si no hay nada adelante cuando ya no haya nada hacia atrás? Me quedaría sola, atrapada en el medio de un enorme, inmenso, infinito vacío existencial, sin posibilidad ni de volver ni de avanzar. ¿Realmente vale la pena correr el riesgo? me pregunto a mí misma, para mis adentros. "Creo que sí", me respondo con la esperanza aún intacta.
La verdad es que quería escribir sobre vos. Sobre cómo no puedo dejar ir el que eras en el pasado y blah blah blah, pero realmente pasó algo en el medio que me cambió por completo el curso del relato. Y no espero nada más excepto que siga pasando, que me sigan desviando del camino tortuoso que me dirige hacia vos. Porque realmente estoy harta de seguir encaminándome solita hacia la boca de un lobo que ya no está, que ya no existe, que ya no me quiere, que ya no. 

Monólogo interno de una borracha

Volví a tomar. Un agrio sabor a tequila y jugo de naranja se pelean por el dominio dentro de mi boca mientras yo solo espero estar lo suficientemente ebria para levantar el teléfono y hacer la típica escena patética de siempre: llamarlo borracha en plena madrugada. Sé que no debería, que es estúpido y que significaría no valorar ni reconocer en lo más mínimo la poquísima dosis de dignidad que me queda, pero no puedo evitarlo. No sé vivir esto de otra forma. Yo sé que ya me caí, que esto ya lo pasé y salí (para bien o para mal) casi entera de todo. Pero ahora es como si volviera a vivirlo de nuevo, como si no hubiese aprendido nada de todos esos meses de alcohol, soledad y llanto. No sé, creí que había aprendido pero al parecer no. Quizás pareciera que lo elijo, y en un punto eso es cierto. Bien ya se lo dije, aunque me haya ignorado, que prefiero sufrir así, sola, ebria y descorazonada, antes de permitir que él me dañara de nuevo. Pienso en eso y me dan ganas de llorar. Pero, por milésima vez en el día, no me dejo, no me lo permito. Es como si estuviera colgada de un puente gigante y mi nariz estuviera a punto de tocar el agua que está cerquísima de matarme, y yo estiro el cuello para dejarme caer y morir, pero la soga está tan tensa que no me deja tirarme y acabar de una vez por todas con toda la locura que se acoge dentro mío. Hago una pausa. Me doy cuenta que el desconcierto no es suficiente y miro hacia mi izquierda. Agarro otra vez la botella y vuelvo a tomar una vez más. Uno. Dos. Tres sorbos medianos de tequila (casi que le digo vodka; perdón, pero es la costumbre) por casi tres grandes de naranja para aplacar el horrendo sabor de la bebida barata. Ahora solo quiero esperar a que el alcohol me haga efecto. Sí, sé que mañana tengo algo importante para hacer, pero no me importa. Sé que me voy a obligar a mí misma a continuar con lo que sea, antes de ponerme a beber de día y que todxs me vean. Mañana tengo que entrevistar a alguien que no veo hace mucho y ya me parezco a la antigua yo, esa de trece, catorce años (quizás un poco menos) que piensa que cualquier ser que se le cruza por el camino es una persona enviada por el destino para hacerme renacer con una nueva y mejorada historia de amor romántico. Qué idiota. No puedo seguir pensando así, aunque en el fondo sé que es reconfortante. Es lindo seguir creyendo que ahí afuera hay alguien dispuesto a cuidarme, a quererme con todo. Pero después llego a casa y me doy cuenta que no puedo sacar de mi cabeza que ese 'tipo ideal' de compañerx es la misma persona que me llevó a esto una vez más. No sé si pueda volver a hacer eso. Es como si quisiera pero a la vez no. Porque abrirse a una nueva posibilidad significa abandonar todo el resto. Y mi situación actual demuestra que, claramente, yo no estoy lista para soltar. Una vez más, la loca Melina se aferra fuertemente al pasado y le tiene miedo a todo. Y además, no quiero esperar. No sé, tengo la certeza bien interiorizada y asumida de que ese nuevo alguien nunca va a llegar, por más que lx busque por cielo y tierra o yo misma me lx invente. Nunca va a llegar a ser real, nunca va a poder llenar los zapatos del que estuvo antes que él/ella. Otra pausa, pero esta no es para beber, sino porque tengo sueño. Estoy cansada. Quisiera dormirme todo el día pero sé que no puedo. La vida tiene que seguir. No creo que al mundo de las obligaciones le interese en lo más mínimo qué es lo que le pasa a mi hígado o a mi corazón. Puedo caer en una especie de coma alcohólico o estar agonizando de la pena por el desamor, pero eso no importa. A la facultad eso no le interesa. A lxs entrevistadxs no les importa y a la familia es algo que no le incumbe. Una vez más, estoy sola. No hay amigxs con los que hablar, excepto de una chica que estuvo siempre y yo (hago mea culpa) quizás ignoré un poco de más. Pero no fue por mala, eso quiero creer, sino porque simplemente fue algo que ignoré inconscientemente. Pero después me di cuenta que era una persona prácticamente incondicional y me hace repensar la idea de que a veces lo que buscamos está en los lugares menos pensados, aquellos en los que ni se nos ocurrió detenernos a mirar. Y recuerdo, en pleno estado de escapatoria mental, que durante el inicio de la noche había pensado en llamarla, pero ahora estoy comenzando a entrar en mi etapa ebria y no sé si sea un buen momento para eso. Mejor espero un poco más y sigo tomando a ver si este calor que siento en las mejillas va en aumento y me da el valor de agarrar el teléfono y marcar su número para ser la protagonista, una vez más, de la historia patética que me encanta personificar. Me gusta ser la víctima, claro está, pero no pienso asumírselo en la cara. Me gusta serlo, pero a veces ese papel es justificado. A veces, tiene una razón de ser. A veces no es mero capricho de ser el personaje estelar de la obra, sino que tengo mis motivos para creer que ese es mi lugar. Las manos comienzan a sentirse desvanecidas, pero no tanto como yo quisiera. Así que realizo la misma operación una vez más y sigo esperando que las consecuencias lleguen. Me sonó el teléfono. Inocentemente, otra vez, creí que era él. Pero no. Era otro. Era un 'potencial amigo', de esas personas que no sabes si un día te van a dar un beso o una cachetada. Ya fue, yo le contesté igual. Y será lo que tenga que ser. De todos modos, ahora mi preocupación es otra: ¿Cuándo va a volver a pasar esto? ¿Tendré que publicar otro libro que refleje la autosuperación de la segunda parte de la cagada épica de mi vida? Aún no lo sé, pero por el momento escribir poemas y estos renglones me resultan más baratos (y quizás hasta más productivos) que ir a un psicólogo. Aunque a veces desearía tener el oído de un profesional escuchando todos estos desastres. Pero posiblemente me derivaría a un montón de medicamentos con la justificación de que soy una histérica casi depresiva y mi familia se volvería un caos. Y de repente me acuerdo de Winona Ryder en 'Inocencia Interrumpida' y me siento como una especie de Susanna Kaysen moderna. Sí, ya sé que el título me queda sumamente grande, pero en mi delirio de casi ebriedad tengo que permitirme estos gustos. Si no es ahora, ¿cuándo, eh? Ahora me siento un poco mal y algo tonta. Estupidizada. Tengo la conciencia medio inconsciente. Toco el celular y vibra. Ya me estoy convirtiendo en una alcohólica psíquica.

El último orejón del tarro

Yo te quiero. Como puedo, como me sale, pero te quiero. Es raro de decir. A veces, la gran mayoría, soy muy dura para decirlo pero muy débil para dejar de sentirlo. Las palabras no pueden salir de la boca, pero no paran de pasar del corazón a la mano y de la mano al papel.
Hoy no fui a cursar. Durante la madrugada me levanté para ir al baño y me vi en el espejo. Tenía los ojos hinchados, un poco rojos, y sentía la nariz tapada. Estaba despeinada, sudorosa, y algo rota. No sé, sentía que si me quedaba en la cama unas horas más las cosas se iban a arreglar solas como por arte de magia. Pero no pasó eso. Simplemente ocurrió lo de siempre: Me levanté tarde y los problemas seguían ahí, mirándome. Tenía papelitos de colores pegados en todas las paredes recordándome las frases que me moría por no escuchar, por no leer. "Ya fue", pensé y me puse a hacer otra cosa. Miles de cosas que me distraigan de la soledad de siempre. Actividades tapa bache para no acordarme de que no tengo amigos, de que no tengo pareja, y de que todo me dura lo mismo que nada. Detesto ser siempre el último orejón del tarro, el que eligen cuando las opciones viables ya no funcionan. Y cada vez sirvo para menos. Antes era el Plan B y ahora con suerte llego a ser el C. Nada viene bien, ni para ellxs ni para mi. No sé, simplemente ya no quiero jugar más. Me cansé de perder en un juego sin instrucciones.

Sobre la palabra "Compañero"

Dibujo de Natacha Abril
Qué lindo tener un compañero. Ya la palabra "compañero" es algo que a mí, particularmente, me produce un éxtasis sonoro. Compañerismo, un concepto que es uno y múltiple. Es estar, es amar, es elegir, es brindar, es recibir, es respetar. Es ser uno y ser el otro. Es abrazar la individualidad y el colectivo. Es tener cosas en común y a la vez seguir discutiendo todas aquellas cuestiones con las que no podemos amigarnos del todo.
Ser compañeros es poder caminar sin decir nada, solo estar respirando juntos, ni siquiera al mismo tiempo, y sentirse cómodo igual. Es guardarse las mil y una cosas, pero sin dejar de decir la verdad.
Es estabilidad dentro de lo inestable, y viceversa. No es ir adelante o atrás, sino que es ir al lado y directo a un mismo centro. Es saber cuando decir "Dale" y cuando decir "Basta". Es la dualidad de lo imperfecto, la sintonía de lo dispar, la extrañeza en lo cotidiano. Es la risa compartida y no acompañada, y el llanto acompañado pero no compartido. Es la sonrisa en el sexo y mientras se toma una birra en la puerta de casa. Es asumir que vos no sos el otro y que el otro no es vos. Es aceptar las diferencias y al mismo tiempo abrazarlas, elegirlas. Es saber esperar al otro cuando se debe. Y también asumir que no siempre se tiene la razón.
El compañerismo es esa presencia que se difumina cada tanto pero no del todo. Es como si estuviera cuando no estoy mientras no estoy cuando está mi presencia. Es ese camino que decidimos afrontar solos, pero con la certeza de que cuando estemos cansados, vamos a poder apoyarnos en el hombro del otro a descansar un ratito.


A Zuleika. 

Time machine

Cuatro meses desde la última vez que me decidí a escribir algunas líneas en esta especie de diario público/personal que me inventé hace ya bastantes años. De hecho, hace varios meses que siquiera toco esta computadora. Las teclas se sienten distintas, e incluso yo me siento rara escribiendo mis sentimientos acá. Es como un viaje en el tiempo. ¡Sorpresa! Pareciera que vuelvo a tener quince otra vez.
Ya falta poco para que cumpla mis diecinueve años y todavía me cuesta escribir correctamente esa palabra. Todavía me cuestan muchísimas cosas. Y todavía espero demasiadas, como por ejemplo dejar de sentirme una completa estúpida y permitir que los demás me traten de esa forma. Me gustaría tanto que, por un minuto, se dignaran a escucharme y entenderme. Sí, lo sé, suena a una típica frase cliché de adolescente de quince años, pero no me culpen, ¡es el efecto de la máquina del tiempo! Honestamente, hay momentos en los que me encantaría dejar de preocuparme y focalizarme en disfrutar todo lo que he conseguido, aunque me falten millones de cosas por conseguir. Pero esta extraña sensación, esa maldita sensación de inutilidad que me acompañó toda la vida, es una de las cosas que más deseo quitarme de encima. Siempre estoy sintiéndome inapropiada, inservible, incómoda, apenada, incluso en los momentos y con las personas que no debería. Es realmente una estupidez, pero me hace sentir desgraciada la mayoría del tiempo. Desgraciada e incomprendida. Es como si nadie me tomara en serio nunca. Y sí, sé que hay gente que sí lo hace, pero son solo unas pocas y aún así, no pueden entender exactamente qué es lo que siempre estoy atravesando. Nadie puede meterse en mi piel. Nadie puede sentir lo que siento. Nadie puede comprender lo que pasa por mi cabeza. Pero no estaría mal que, de vez en cuando, aunque sea alguien lo intentara, por lo menos por unos instantes...

Apuntes de las 23:30

Negación- IraNegociación- Depresión-  Aceptación. --> ?

Negación-depresión. Ira, mucha. (Y también algo de envidia) Luego, intentar negociar. Aceptar, jamás. 

Quiero escribir algo pero no sé qué. No me sale. No puedo. Siento una especie de presión en el pecho (angustia le dicen) y quisiera expresarla en palabras pero se me va todo de la cabeza cuando lo intento. Escribo oraciones al azar y las borro instantáneamente. Dudo de la certeza de los sustantivos, de los sinónimos, de los verbos y hasta de mis propios sentimientos, de mis propias emociones.
Me gustaría esconderme, aunque sea solo por esta noche, en tus brazos una vez más. No sé, pero quisiera perderme en tus ojitos grandes otra vez. Pero no. Y no quiero llorar por eso. El amor no se mendiga. Me cuesta aplicar esa frase tan sabida en el plano de lo práctico, pero pienso que de tanto repetirla en lo teórico, quizás algo de efectuación en la realidad llegue a tener.
La semana pasada me habías invitado a almorzar el domingo. Me ilusioné tanto, como era de esperar, y todo se fue al carajo casi tan rápido como había empezado a subir. Eso también era esperable, por supuesto. Ya casi que me voy acostumbrando a esta suerte que no es mala ni es buena, suerte que simplemente existe, que está y me hace y deshace a su regalada gana.
Lo primero que hiciste, luego de decirme "Hola", fue preguntarme "¿Cuándo vas a volver a estar de novia?". Me pareció tan estúpido y humillante que pensé que me iba a largar a llorar en ese preciso instante. Pero todavía no era el momento para eso. Claro que no. Llorar quedó para después, cuando me dijiste que volvías con esa piba tan perfecta para los ojos tuyos y del resto. Llorar quedó para después de que cortaste el teléfono y, ebria una vez más, volví a marcar tu número. Llorar quedó para después, cuando ya la angustia no me dejaba respirar. Llorar quedó para las horas que siguieron, para las noches y los días que vinieron después. Llorar quedó para esos ratitos en los que me doy cuenta otra vez de mi lugar en el mundo y no quiero otra cosa más que romper todo o desaparecer. Llorar quedó para las horas antes de dormirme.
Sin embargo, hay días y momentos en los que quiero llorar pero no puedo. Tal como cuando quiero escribir y no me sale. Es algo que tengo adentro, bien adentro, que me carcome el alma y me consume la vida, pero no puedo expresar, no puedo sacar para afuera. Y a la noche, cuando inconscientemente hago un repaso mental del día y la cabeza entra a disparar para todos lados, sin querer ni esperarlo, empiezo a llorar y no entiendo por qué. Y me digo que no, que para qué, que no es el momento, que ya está, que no pasa nada, que la vida sigue, y que, y que, y que... Después tengo pesadillas horribles. Algunas tienen que ver con esto, con vos, conmigo, por supuesto. Otras, desatan mis miedos más profundos, mis secretos más oscuros, mis vivencias más duras (de las que aún quedan heridas que no puedo sanar.) Y hay veces que creo que no puedo. Y necesito un escape, una salida, pero miro para todos lados y no hay nadie. Ya no hay nadie. Y como no encuentro personas, empiezo a buscar cosas. Y las uso, las quiero, las quiebro y las tiro. Igual que hago después con la gente, la poca gente que logro reclutar para un pequeño momento de falsa paz. Quizás por eso luego huyen despavoridas ante tanta sinceridad bestial. Pero después, si no les decís la verdad de frente, si no vas con la posta, tienen el atrevimiento de ofenderse. No sé. Yo cada vez entiendo menos cosas y a menos gente. Solo sé que esta es una de esas noches en las que quiero llorar y no puedo. Y tengo la mirada cansada, pero realmente no sé si tengo sueño. Y nadie me espera, por supuesto. Nadie se mantiene en vigilia para ver si estoy bien, si aún vivo o estoy simplemente existiendo, respirando y haciendo las cosas por inercia. Pero cuando todas las luces se apaguen y no haya nadie en el pasillo, casi puedo asegurar que voy a escuchar mis propios pasitos perdidos yendo a donde me aguarda la botella llena.